Una inscripción del siglo I hallada en Jerusalén es relacionada por un historiador con la familia de Simón de Cirene, mencionado en el Evangelio de Marcos.

Un osario judío del siglo I, descubierto en una tumba familiar en Jerusalén, ha vuelto a llamar la atención de historiadores y especialistas por una inscripción que dice “Alejandro, hijo de Simón”. La pieza forma parte de un conjunto de 11 osarios encontrados en el mismo sepulcro, asociado con una familia de origen cireneo.

El hallazgo ha cobrado relevancia debido a su posible relación con Simón de Cirene, personaje mencionado en los Evangelios como el hombre que ayudó a Jesús a cargar la cruz. En el Evangelio de Marcos se señala que Simón era padre de Alejandro y Rufo, una coincidencia que ha alimentado las interpretaciones sobre la identidad de la persona enterrada en el osario.

El historiador Jeremiah Johnston sostiene que la inscripción podría corresponder a un integrante de la familia de Simón de Cirene. De ser así, el objeto constituiría un elemento arqueológico relacionado con un personaje mencionado en un relato evangélico del siglo I.

Sin embargo, la inscripción por sí sola no demuestra que el Alejandro del osario sea el mismo mencionado por Marcos. Nombres como Alejandro y Simón eran utilizados en la época, por lo que establecer una identificación definitiva requiere mayores evidencias arqueológicas, históricas y contextuales.

El osario, por ello, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que continúa siendo objeto de estudio: qué elementos de los Evangelios pueden ser contrastados con la evidencia histórica y arqueológica disponible sobre la Judea del siglo I.

Publicado por Iris Camila Beltran