Joana y sus seres queridos encuentran en la recuperación de su hermano un motivo para continuar con la promesa que tienen desde hace once años atrás, una peregrinación que inicia en Cuatro Ciénegas y termina en el Ejido 8 de enero
Por: Irma de la Garza
FRONTERA COAHUILA. – Once años de fe, gratitud y esperanza acompañan a la familia de Joana Belén Sotelo, que cada 28 de octubre emprende el camino desde Cuatro Ciénegas hasta la capilla de San Judas Tadeo, en el Ejido 8 de enero, para cumplir una promesa que se ha convertido en una tradición familiar. Ni la distancia ni el paso del tiempo han detenido este recorrido, durante el cual visitan distintas capillas para entregar reliquia y agradecer los favores recibidos. Este año volvieron acompañados por niños y jóvenes, quienes comienzan a hacer suya una costumbre que nació con su madre y que hoy mantiene unidas a varias generaciones.
Durante el trayecto, la familia va dejando reliquia en diferentes capillas dedicadas al llamado santo de las causas difíciles, hasta concluir su recorrido en el Ejido 8 de enero. Para ellos, cada alimento entregado representa una manera de compartir las bendiciones que aseguran haber recibido y de agradecer por permanecer unidos frente a las pruebas que les ha presentado la vida. Joana explicó que desde hace 11 años realizan esta peregrinación familiar y que el compromiso se ha fortalecido con el tiempo, pues ahora los más pequeños acompañan a sus padres y abuelos, aprendiendo el significado de agradecer y mantener viva la fe.
Entre todos los motivos que tienen para regresar cada año existe uno que toca profundamente el corazón de la familia: la recuperación de uno de los hermanos de Joana, quien enfrentó problemas de adicción. Fueron años difíciles, de preocupación y momentos dolorosos, en los que la familia permaneció a su lado y encontró en la fe una esperanza para seguir adelante. Actualmente, el joven lleva alrededor de cinco años sin consumir, una transformación que para sus seres queridos representa una de las bendiciones más grandes recibidas y una razón poderosa para continuar llegando cada año ante San Judas Tadeo para agradecer.
“Somos una familia unida; en las buenas y en las malas, aquí seguimos”, expresó Joana Belén al hablar de aquello que los mantiene juntos y los impulsa a cumplir su promesa. Su testimonio refleja que detrás de la reliquia, las imágenes y el recorrido existe una historia familiar marcada por momentos difíciles, pero también por la esperanza de ver recuperarse a uno de los suyos. Por ello, cada visita tiene un significado especial: no solamente llegan a pedir, sino principalmente a dar gracias por lo que han superado juntos y por la oportunidad de continuar caminando como familia.
Así, entre oraciones, agradecimientos y manos que comparten alimentos, la familia volvió a concluir su recorrido frente a San Judas Tadeo en el Ejido 8 de enero. Lo que comenzó hace 11 años como una muestra de devoción de su madre hoy se convierte en una herencia de fe para hijos y nietos, quienes participan y conocen el motivo de esta tradición. Para Joana y los suyos, cada kilómetro recorrido vale la pena mientras puedan regresar juntos, agradecer por la recuperación de su hermano y mantener una promesa que ha logrado trascender generaciones: volver cada año mientras haya motivos para dar gracias.
Publicado por Rocío Ledezma




