
Por Carolina Salomón
José Emilio García Ibarra, conocido como “Pepito”, tenía todo un vecindario que lo quería, que hoy sufre por su partida y lamenta la forma tan cruel en que le quitaron la vida.
Quedó huérfano de padres desde muy pequeño y su soledad lo llevó a refugiarse en el alcohol y nunca imaginó que su carisma y ese don que tenía de ayudar, lo harían ganarse el cariño no solo de sus vecinos sino de la gente de muchos sectores que hay alrededor del Fraccionamiento Moderno donde vivía.
Ha partido de este mundo dejando un profundo dolor en muchas familias, aquellas a las que cada mañana les tocaba la puerta para decir “te hago un mandado”.
Los vecinos no le cargaban el trabajo, solamente le pedían que recogiera la basura, escombro o fuera la tienda y a cambio de eso le daban unos monedas 10 o hasta 50 pesos.
Era feliz haciendo esas labores todos los días, mientras en su casa la abuela de 84 años de edad que lo crió siempre le tenía preparado el almuerzo, comida y cena, donde no le faltaba nada pero tenía problemas de alcoholismo.
La casa donde vivió se encuentra Río Lerma, a unos cuantos metros de la vivienda donde fue asesinado por Raúl Armando “N”.
Sus cenizas fueron puestas sobre una mesa con flores al exterior de la casa, al cual estaba adornada con globos blancos para que la familia, sus vecinos y la gente que lo concia acudiera a verlo por última vez y se despidiera de él.
Por la tarde se rezaron algunos rosarios para pedir por su descanso eterno y sus restos fueron llevados a la tumba de sus padres Emilio García y Cristina Ibarra.