Las diosas mexicas Cihuacóatl y Mictecacíhuatl volvieron del inframundo y tomaron por asalto el fin de semana el Museo Nacional de Antropología (MNA).
Ambas fueron protagonistas de una pasarela de catrinas y catrines que tuvo lugar en el recinto en el marco de un concurso alrededor de las festividades del Día de Muertos.
«Fue una noche impregnada de leyendas protagonizadas por las antiguas deidades», comunicó el INAH.
La actividad fue organizada por el equipo de Servicios Educativos del MNA, y también contempló, en la Sala Mexica, una sesión de escucha de versiones poco conocidas de narraciones tradicionales, como la leyenda de La Llorona.
Esta historia, a decir del académico Mario Stalin Rodríguez, oculta una verdad distinta a la creada en la Colonia: la indígena que, traicionada por un español, decidió asesinar a sus propios hijos.
Pero aquí Cihuacóatl, Diosa Madre, hizo su aparición para narrar que, ese espectro, era ella, advirtiendo a sus hijos amados, los de Tenochtitlan, que invasores llegarían del otro lado del océano y traerían muerte y desolación.
«Mictecacíhuatl, Diosa de la Muerte, también se paseó por la Sala Mexica», según comunicó el INAH, «para recordar que, en tiempos prehispánicos, ella hacía ‘algo así como las funciones de san Pedro’. Es decir, sentada en un umbral, dirigía al difunto a una de las cuatro regiones: el Mictlán, la bodega acuática o Tlalocan, el Cielo del Sol, o el Árbol Nodriza, según la causa de muerte».
Tras la narración de estas historias, catrines y catrinas protagonizaron la fúnebre pasarela, siempre con garbo.