Oscar Ballesteros
Para calmar sus còlicos menstruales en su pre adolescencia, la madre y abuela de Rosa Idalia le preparaban una bebida elaborada con una bebida alcohólica y hierbas, un remedio que parecía inofensivo pero que con los años le generó dependencia.
Después de aproximadamente 1 año, Rosa Idalia quien es integrante del Grupo Acereros AA 24 horas está en un proceso muy avanzado de su recuperación. Ella tocó fondo por el alcoholismo; tradiciones de antaño que involucraban la bebida fueron los causantes y su hija la motivación para querer salir adelante.
Rosa Idalia, actualmente es madre soltera y tiene a su hija como motivo principal de querer superar su enfermedad que desarrollaron por vivencias de su pasado, sin embargo, estuvo repercutiendo en su vida familiar.
Si bien es hija de un alcohólico, su historia con la bebida tiene como personaje recurrente a su madre, quien desde sus 11 años la acostumbró a que el alcohol era un ingrediente para sanar dolores y penas.
“Yo a ella nunca la vi beber, pero a mí me tocó así, se fue haciendo un hábito” comentó Rosa quien relató que su primera interacción con el alcohol fue gracias a un remedio de su madre y abuela para aliviar el dolor menstrual que ella empezaba a experimentar. Tequila combinado con hierbas fue la receta para que cada mes lograra sobrellevar sus dolores femeninos.
“CADA MES UNA COPITA”
“Cada mes era una copita y yo sentía muy rico, me relajaba y se me quitaba el dolor. Yo no sabía que existía el alcoholismo a esa edad, pero ahí se disparó algo porque a mí me educaron que el alcohol curaba el dolor y las penas”, comentó.
Bajo esta premisa, recordó el hecho del fallecimiento de su abuela quien la crio porque su madre trabajaba y su padre se desatendía periódicamente por su alcoholismo; fue durante una temporada fría, por lo que a ella la dejaron en casa de una prima durante el velorio y para que durmiera, su madre le dio medio vaso de tequila puro el cual se bebió de un trago.
Al día siguiente, su mamá llegó por ella y de inmediato Rosa Idalia le dijo “me oriné”, pero sin mayor explicación o cuestionamiento de su sentir le dio ropa para cambiarse y seguido experimentaría su primera ‘cruda’ durante la tradicional caminata al panteón.
“Yo no sabía que era la cruda, el efecto de la ingesta de alcohol, yo ya no sabía si lloraba por cómo me sentía o porque mi abuela se había muerto, así empezó mi alcoholismo”, platicó.
Conforme fue pasando el tiempo más motivos llegaron a ella para seguir en la cercanía del alcohol, dijo que ella nunca dejó sus metas al lado y podría llegar a lucir como una persona normal, pues sus estudios fueron hasta la universidad y durante un tiempo combinó la escuela con el trabajo.
“ALCOHOL PARA SOPORTAR ESTRÈS”
Durante esta etapa, su madre vuelve a hacerle una recomendación para ‘relajarse’ después de someterse a exhaustas jornadas de trabajo, por lo que en su casa dentro de la lista de compras siempre se surtía una botella de licor.
“Todavía me acuerdo que entré a estudiar y mi mamá me decía que trabajaba mucho y luego estudias, entonces se incluía una botella en la despensa para que antes de dormir yo me relajara”.
Un conglomerado de hechos fueron los que la hicieron caer en cuenta de que estaba sufriendo de alcoholismo, ya que buscaba una botella de alcohol o cervezas para cubrir diversos pretextos y desconsuelos que le sucedían, incluso superando las estrategias para alejarla de la bebida por parte de sus conocidos.
… Y ALCOHOL PARA CALMAR TRISTEZA
Una noticia que escuchó en un programa local le resultó desgarradora pues involucraba a conocidos cercanos por lo que rápidamente acudió a la búsqueda de una botella que tenía en su domicilio; después fue la asociación de su automóvil con la bebida o el calor de Monclova lo que la obligaban a consumir cervezas, poniendo en riesgo a su contexto, pues realizaba sus actividades bajo el influjo del alcohol.
Sus amigos se percataron de eso e intentaron limitarla, sin embargo, ella evadía estos obstáculos y encontraba la manera de llegar a donde estaban las botellas para poder servirse, ya que de otra manera no podía convivir en las reuniones.
Una vez que su hija crece, ella mencionó que la manera en que logró darle la posibilidad de egresar de la universidad como odontopediatra en la ciudad de Monterrey se debe a que ella dejó de consumir alcohol por 8 años, que fue lo que se mantuvieron fuera de la ciudad, mas esto no fue el final.
Regresaron a Monclova y las memorias del pasado, del fallecimiento de su madre hizo que recayera en su vicio de una manera más fuerte que anteriormente. Su hija, de nueva cuenta le dijo que, de no cambiar, ella se iría de la casa, por lo que Rosa decidió anexarse en el Grupo Acereros.
Después de 2 meses de estar ahí siguiendo el tratamiento es que ella logró estar estable y regresar con su hija a quien no quiere darle motivos para que piense en un posible regreso, pero los fantasmas de su enfermedad la han seguido y seguirá trabajando para eliminarlos.