Blanca Estela Lara transformó una afición en un legado cultural; sus figuras decoran hoteles y siembran orgullo por las tradiciones mexicanas
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. — Desde hace dos años, Blanca Estela se dedica a crear catrinas en tamaño gigante, obras que no solo decoran altares de muertos y espacios públicos, sino que tambien transmiten un mensaje profundo: la muerte como parte de la vida y la necesidad de recordar con amor a quienes ya no están.
“Mi alegría es ver mis catrinas en ofrendas, en restaurantes, en hoteles… porque ahí no solo está mi trabajo, también está mi corazón y la tradición que quiero compartir”, expresa con orgullo.
Su primera catrina fue una Frida Kahlo, y desde entonces su taller casero se ha llenado de vendimiadoras, danzantes y figuras que reflejan la esencia de su tierra. El proceso no es sencillo: una semana de trabajo para la estructura, dos días para el armado, y la participación de toda la familia en cada detalle.
Cada pieza es única, con precios que van de mil 500 a 3 mil pesos, según los accesorios y la complejidad del diseño.
Además de catrinas, Blanca Estela crea figuras de la uva y el vino —símbolos de Parras— Duendes, diademas, cuadros de diversas figuras y hasta alebrijes, que requieren mayor tiempo por su compleja elaboración. También colabora activamente con algunas de las escuelas de la localidad, elaborando manualidades para actividades educativas y culturales, con el objetivo de acercar a niñas, niños y jóvenes a las tradiciones mexicanas.
El eco de su talento
Gracias a la promoción de Olga Lara, sus catrinas fueron exhibidas en diversos comercios de la localidad el año pasado, uno de ellos fue el Hotel Nube, donde visitantes nacionales y extranjeros quedaron maravillados. Esa visibilidad abrió nuevas puertas: hoy sus figuras decoran restaurantes, hoteles y eventos, despertando admiración y orgullo en la comunidad.
Más que un adorno: un legado
Para Blanca Estela, el Día de Muertos no es solo una celebración; es un acto de amor que une a las familias. Alienta a las nuevas generaciones a continuar con la tradición de los altares y a mantener viva la costumbre de elaborar catrinas.
“Las catrinas son un símbolo de México, un recordatorio de que la vida y la muerte caminan juntas. Si mantenemos esta tradición, mantenemos viva nuestra cultura”, afirma.
Mirada al futuro
Su sueño es llevar sus creaciones a exposiciones más grandes, donde más personas puedan conocer y valorar este arte que nació de una afición y hoy se ha convertido en un proyecto de vida.
Con cada catrina que cobra forma en sus manos, Blanca Estela Lara García no solo moldea papel y engrudo: moldea la memoria colectiva de un pueblo que se resiste a olvidar sus raíces.
Y mientras en los hoteles y restaurantes sus catrinas impresionan a visitantes, en las escuelas locales dejan una huella aún más profunda: la de sembrar en los niños el orgullo por sus raíces. Ahí, entre risas y curiosidad infantil, Blanca Estela transmite algo más que técnicas de manualidad: transmite amor por la cultura mexicana.