“EL TELÓN BAJÓ… Y SUBIÓ SU LUZ AL INFINITO”
La comunidad cultural rindió homenaje al reconocido actor y director
cuya entrega y amor por el arte fue el eje central de su existencia
Por Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – Hay personas cuya vida no se mide por los años, sino por la huella que dejan en quienes las rodean. Don Salvador Hurtado Gallardo fue una de esas personas. Su existencia, marcada por la pasión, la creatividad y el compromiso con el arte y la comunidad, transformó a Parras y dejó un legado que inspira a seguir aprendiendo, creando y compartiendo.
El pasado miércoles 19 de noviembre, familiares, amigos y miembros de la comunidad cultural se reunieron en la Casa de la Cultura Nancy Cárdenas para rendir homenaje póstumo a Don Salvador, quien falleció el 16 de noviembre de 2025. El espacio se llenó de emoción y recuerdos de quien dedicó su vida a la enseñanza, al teatro y al trabajo constante, demostrando que la verdadera grandeza se encuentra en la entrega a los demás y en la pasión por lo que uno ama.
Salvador nació el 18 de diciembre de 1955, hijo de Salvador Hurtado Gómez y Bertha Gallardo Olvera, en un hogar sencillo, cálido y lleno de trabajo. Creció rodeado de su familia, incluyendo a su abuela paterna y a numerosos hermanos y hermanas: Guadalupe, Margarita, Martha, Bertha, Cecilia, Silvestre, Carmen, Ricardo y Monserrat. Desde niño se destacó por su carácter curioso e inquieto, y por su capacidad para aprender y aplicar conocimientos por sí mismo. Su espíritu autodidacta lo acompañó toda la vida y se convirtió en una característica que lo definió como ser humano generoso, disciplinado y creativo.
Su trayectoria laboral fue sorprendentemente amplia, reflejando una inteligencia práctica y un talento multifacético. Desempeñó múltiples oficios: piscador de algodón, paletero, cantinero, panadero, fotógrafo, reportero de nota roja, dibujante, diseñador, maestro, vendedor, obrero, operador de torno, rotulista, mecánico, administrador de mantenimiento, analista de fallas y artesano, entre muchos otros. En la industria textil, su ingenio y creatividad se hicieron evidentes en la empresa FLESA, donde diseñó, fabricó y puso en marcha una de las máquinas de telar más avanzadas de su época, considerada una de las mejores del mundo y un legado técnico que trascendió fronteras.
Pero si algo definió a Salvador fue su pasión por el teatro. En 1983, su encuentro con la dramaturga y actriz parrense Nancy Cárdenas abrió un camino que se convertiría en el eje central de su vida. Desde ese momento, Salvador se dedicó por completo al escenario, desarrollando su talento como actor, escenógrafo y director. Participó en grupos teatrales como “Nancy Cárdenas”, “Arte y Cultura” y “El Mitote”, contribuyendo a la realización de obras memorables como El pecado de las mujeres, Cena de Navidad, Lotería, Las Suegras, El hombre que nunca vio el mar y Sobre el daño que hace el tabaco.
En su monólogo “Cuarenta y dos años entre luces y sombras”, Salvador describía con emoción su vínculo con el teatro:
“Puse un pie en el escenario… y sin saberlo, me quedé a vivir ahí.
Empecé como actor, pero la magia del teatro me atrapó completo. Llegué a la escenografía para construir los mundos donde otros soñaban.
Nancy Cárdenas me pidió una escenografía y esa respuesta cambió mi vida.
Desde entonces fueron años de obras, noches de ensayo, telones que se abrían como portales.
Del 2005 al 2011 dirigí alrededor de 34 obras…
He sido actor, escenógrafo, director… pero, sobre todo, testigo del poder del teatro para transformar.”
Salvador nunca buscó reconocimiento económico por su trabajo teatral. Con frecuencia asumía de su propio bolsillo los gastos de producción, impulsado únicamente por su amor al arte y la convicción de que el teatro puede cambiar vidas. Impartió talleres para jóvenes y adultos, promovió la participación comunitaria y ayudó a formar actores locales, consolidando el teatro como un pilar de la cultura en Parras. En 2017, el Ayuntamiento lo reconoció con la Presea Parras por su destacada contribución al arte y la vida cultural de la ciudad.
Su legado artístico se complementaba con un profundo compromiso con la creatividad y la disciplina en todos los aspectos de su vida. En sus últimos años, Salvador exploró la elaboración de artesanías en vidrio, demostrando que su pasión por aprender, crear y enseñar no tenía límites. Su vida fue un ejemplo de generosidad, talento y entrega, y su influencia sigue viva en familiares, amigos y quienes compartieron con él el escenario y la vida.
Durante el homenaje, Genaro Fuantos, amigo y compañero de escena de Salvador interpretó su monólogo, evocando la intensidad de sus 42 años en el teatro y recordando su transición de actor a escenógrafo y director. La Casa de la Cultura Nancy Cárdenas, nombrada en honor a la dramaturga que marcó su camino, se convirtió en el escenario perfecto para recordar a un hombre cuya luz sigue inspirando a todos los que creen en el poder del arte y la comunidad.
Salvador Hurtado Gallardo deja un mensaje claro para quienes lo conocieron y para quienes conocerán su historia: con pasión, dedicación y generosidad es posible transformar vidas, fortalecer comunidades y mantener viva la cultura local. Su vida demuestra que la grandeza se mide por el impacto positivo que dejamos en los demás. Como se expresó en su despedida:
“El telón bajó… y subió su luz al infinito.”
Hoy, la historia de Salvador sigue iluminando Parras de la Fuente, recordándonos que cada esfuerzo, cada enseñanza y cada acto de amor por el arte y la comunidad puede trascender y dejar huella en generaciones futuras. Su vida es una invitación a aprender, crear y compartir, y un ejemplo de que la pasión verdadera nunca muere.