UN SÍMBOLO HISTÓRICO DE LA CARBONÍFERA
La estructura, con casi un siglo de antigüedad, comenzó a reducirse por motivos de seguridad
Karla Cortez
La Prensa
SAN JUAN DE SABINAS, COAHUILA.- Ayer dio inicio la destrucción de una Chimenea, de la antigua ASARCO, muda testigo de la vida de Nueva Rosita.
Estas chimeneas, la primera fue la de la Planta de Luz y fuerza construida en 1924, ello para generar electricidad, construida en tiempo del gerente John Woodford Khiffin, quien también construiría otras 3 chimeneas para desalojar los humos tóxicos de la planta elaboradora de subproductos del carbón: benceno, creosota, negro de anilina, etc., y también de los hornos de coque, construidas 1928, y la gran “Dama de Negro”, la chimenea base de la Planta de zinc en 1929.
“En la actualidad Industrial Minera México, planta Nueva Rosita, que dejó de laborar en 2022, realiza labores de chatarrización, destruyéndose todos esos valiosos y viejos testigos del patrimonio industrial, herencia de nuestros antepasados”, Ramiro Flores Cháirez, historiador y miembro del Comité Mexicano de Conservación del Patrimonio Industrial.
Para salvar esa chimenea que desde la pasada administración municipal se le solicitó apoyo, ya que solo bastaba unos anillos metálicos y tirantes. No había riesgo de causar daño. Ojalá que la ciudadanía y autoridades tomen conciencia de ese valor patrimonial y lo conserven, tal como sucedió con la Fundidora de Monterrey y minas de Real del Monte y de Zacatecas.
Nueva Rosita amaneció distinta este martes. El característico sonido metálico sobre el ladrillo anunció el inicio de un proceso que, aunque esperado desde hace tiempo, marca un cambio visible en el paisaje industrial de la ciudad: la reducción de una de las chimeneas históricas construidas hace casi un siglo dentro del antiguo complejo minero de ASARCO.
La estructura, levantada en 1934 con ladrillo refractario americano durante la etapa de consolidación industrial de la Región Carbonífera, forma parte del conjunto de torres que durante décadas acompañaron la operación de hornos de coque, plantas de refinación de zinc y subproductos del carbón. Por generaciones, estas chimeneas fueron referentes visuales que orientaban a quien transitaba por Nueva Rosita, formando parte de su identidad urbana tanto como las viejas colonias obreras o las antiguas vías del tren.
La intervención no responde a un desmantelamiento generalizado, sino a un procedimiento de seguridad calculado desde hace años. Federico Méndez Pacheco, coordinador municipal de Protección Civil en San Juan de Sabinas, confirmó que la torre presentaba una inclinación en su sección superior, detectada durante revisiones previas. Con una altura estimada de 60 metros, los análisis de riesgo y mecánica de suelo determinaron que la parte más alta debía retirarse para garantizar estabilidad.
El proceso, conocido como “descopetado”, reducirá la estructura a unos 30 metros, preservando su base y evitando un deterioro progresivo que pudiera representar un riesgo para trabajadores y población cercana. Personal contratado por Industrial Minera México inició los trabajos desde primeras horas del día, bajo un acordonamiento de 200 metros a la redonda y protocolos estrictos de seguridad.
Aunque la imagen de la maquinaria operando sobre ladrillo antiguo puede llamar la atención, la decisión no surgió de improvisaciones. Desde hace dos meses el procedimiento estaba programado y autorizado, derivado del cierre definitivo de la planta en 2022 y del proceso posterior de reordenamiento de infraestructura en desuso. Con ello, la empresa busca garantizar que las estructuras que permanecen en pie no representen un riesgo en una zona donde colindan espacios industriales con áreas urbanizadas.
Para entender la dimensión de estas torres, basta recordar que la más emblemática del complejo —la conocida como “gran chimenea de zinc”, construida en 1929— se convirtió durante décadas en un punto de referencia para los habitantes de Nueva Rosita. Antes, otras estructuras ya habían definido etapas importantes del desarrollo regional: la chimenea de Luz y Fuerza de 1924, las torres para evacuar gases de plantas de subproductos en 1928 y los hornos de coque que empleaban a cientos de trabajadores.
Hoy, al observar los trabajos desde la distancia, algunos habitantes se detienen unos minutos para mirar cómo una parte de ese paisaje industrial cambia, quizá por última vez. No se trata de un acto de ruptura con el pasado, sino de una intervención técnica que permite que lo que queda de estas estructuras continúe en pie sin representar un riesgo.
La historia de Nueva Rosita está profundamente ligada al carbón, a los complejos industriales y a las miles de familias que construyeron su vida alrededor de ellos. Y aunque las chimeneas ya no cumplen la función para la que fueron levantadas, siguen formando parte de la memoria urbana y del origen de esta región minera. La reducción de una de ellas no borra lo que representaron. Más bien, abre una nueva etapa en la que las decisiones técnicas y de seguridad conviven con el esfuerzo de preservar, hasta donde es posible, el valor histórico de un pasado que aún se levanta en ladrillo sobre el horizonte