José se queda en casa al cuidado de su hija mayor, mientras su esposa y la pequeña emprenden la lucha en Texas; “ella saca fuerzas de no sé dónde”, afirma
Por: Manolo Acosta
LA PRENSA
“Esto demuestra que Dios no nos dejó solos”, alcanzó a decir entre lágrimas José, el padre de la pequeña María José, mientras observaba cómo el operativo médico se alistaba para trasladar a su hija rumbo al aeropuerto, inicio de un largo y doloroso camino hacia los Estados Unidos, donde continuará siendo atendida por las graves quemaduras que cubren gran parte de su pequeño cuerpo.
Con la voz quebrada, José confesó que hubo momentos en los que la desesperación estuvo a punto de vencerlos. Las noches interminables en el hospital, la incertidumbre y el miedo a perder a su hija los llevaron al límite; sin embargo, aseguró que la fe nunca los abandonó. “Cuando ya no veíamos salida, siempre pasó algo que nos devolvió la esperanza”, relató.
Recordó que fue gracias al respaldo del Hospital Amparo Pape de Benavides que lograron contactar a una asociación que cambiaría el rumbo de la historia, en uno de los momentos más angustiantes, él y su esposa Damaris fueron llamados a una oficina del hospital.
Fue ahí donde les informaron que ya se había avanzado con la documentación requerida por la Fundación Alzafar, en coordinación con integrantes del Border Shriners Club, para gestionar el traslado de María José a un hospital especializado en quemaduras en Galveston, Texas.
“No lo dudamos ni un segundo”, expresó José. Apenas les pidieron permisos y papeles, él regresó a casa para reunir documentos y ropa, consciente de que se aproximaban días muy difíciles. Gracias a la intervención de ambas fundaciones, Damaris, quien también sufrió quemaduras en un brazo y una pierna el día del accidente, permanecerá un mes en Texas para acompañar y cuidar a su hija durante el tratamiento.
José se quedará en casa al cuidado de Helen, su hija mayor de 11 años, mientras su esposa y la pequeña María José enfrentan esta dura batalla lejos de casa, “Aunque es muy duro separarnos, sabemos que es por su bien”, dijo.
“Ella está ahí, en su camita, sacando fuerzas de no sé dónde, y eso nos inspira a seguir luchando”, expresó el padre, con los ojos llenos de lágrimas, cuando la familia fue informada de que María José saldría del hospital para iniciar su traslado, se abrazaron con fuerza.
Saben que vienen semanas de distancia, miedo y esperanza, pero también confían en la fortaleza de esta pequeña guerrera, que lucha por su vida tras el accidente ocurrido previo a la Nochebuena.