Gerardo Aguado, Diputado Local por el PAN expresó que defender a Maduro es una negación de una realidad documentada por organismos internacionales
Jesús Medina
LA PRENSA
“La defensa de un régimen señalado por represión, colapso económico y vínculos con el crimen organizado contradice los principios democráticos y humanitarios” El régimen de Nicolás Maduro representa uno de los mayores fracasos políticos, económicos de seguridad y humanitarios de América Latina.
Defenderlo, minimizarlo o justificarlo no constituye una postura diplomática neutral, sino una negación de una realidad ampliamente documentada por organismos internacionales. Venezuela registró una hiperinflación de más de 130,000% en los últimos años, colapsó sus servicios básicos y expulsó a más de 7 millones de personas, que hoy viven como migrantes o refugiados.
En 2023, apenas 9% de los hogares contaban con seguridad alimentaria, de acuerdo con UNICEF, reflejo de una crisis humanitaria profunda y persistente. A este colapso económico y social se suma un patrón sostenido de represión política: alrededor de 900 presos políticos, persecución sistemática de opositores y elecciones profundamente cuestionadas.
No es casualidad que Freedom House clasifique a Venezuela como un país “No Libre”, con solo 13 de 100 puntos en libertades políticas y civiles. En este contexto, resulta profundamente preocupante que Morena y el gobierno federal, así como quien lo encabezó durante seis años, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, adopten una narrativa de rechazo frente a acciones internacionales dirigidas contra un régimen autoritario, señalado además por vínculos con redes de narcotráfico, como el llamado Cártel de los Soles, y por permitir la expansión de organizaciones criminales transnacionales.
La democracia no se defiende de manera selectiva. No se puede justificar la impunidad cuando conviene y exigir legalidad solo cuando resulta cómoda. Esa lógica erosiona la credibilidad democrática y normaliza el autoritarismo. La postura debe ser clara y sin matices: ningún gobierno autoritario ni coludido con el crimen organizado debe ser defendido. Esta no es una posición ideológica ni partidista; es un compromiso con la libertad, la ley y las instituciones, valores universales que deben sostenerse siempre, incluso cuando resultan incómodos.