Busca excluir a potencias extrahemisféricas (China, Rusia, Irán) y consolidar un dominio ideológico y militar sobre América Latina
Por Rafael Croda/Proceso
La Prensa
EU.- En el rediseño de las relaciones globales que impulsa la administración del mandatario estadunidense, Donald Trump, el apoyo de Washington a los dirigentes de la ultraderecha latinoamericana juega un papel fundamental.
Esto no es un secreto ni forma parte de un plan encubierto de la CIA. Está dicho en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025 publicada en la primera semana de diciembre y la cual establece que la prioridad central de la política exterior de Trump es la seguridad hemisférica.
Ese documento, que ha causado revuelo mundial por su crudeza y claridad, expone que para lograr ese objetivo Estados Unidos hará lo que sea necesario: desde reclutar líderes latinoamericanos afines a la ideología ultraconservadora que hoy domina Washington, hasta alentar a los movimientos “que se alineen ampliamente con nuestros principios y estrategia”.
El plan de seguridad también habla de la necesidad de hacer “intervenciones” en asuntos internos de otros países cuando éstas sean “justificadas”, y de aplicar la fuerza militar como “elemento disuasorio”.
Estos lineamientos estratégicos ya están siendo implementados desde hace meses por Trump en América Latina.
La región ya es escenario de acciones militares que, hasta hace poco tiempo, se consideraban medidas de excepción. Una flota de buques de guerra estadunidenses con miles de marines está desplegada frente a costas de Venezuela y aeronaves del Pentágono bombardean en el Caribe y en el Pacífico lanchas que supuestamente transportan droga. Decenas de sus tripulantes mueren en esos ataques.
En el ámbito político latinoamericano también se advierte un activismo inusual por parte de Washington.
“Estamos viendo un intervencionismo abierto del trumpismo en las elecciones latinoamericanas, y claramente hay un auspicio de Washington a los movimientos de extrema derecha en la región”, dice a Proceso Ana Esther Ceceña, doctora en relaciones económicas internacionales y coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica.
Ella indica que esto se vio en el proceso electoral de Chile que culminó el 14 de diciembre último con el triunfo del candidato presidencial ultraderechista José Antonio Kast, un defensor de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y de militares que cometieron miles de crímenes de lesa humanidad en ese periodo, así como admirador de Trump.