JESÚS FAVELA: TODA UNA VIDA DEDICADA AL PRÓJIMO
Con 65 años de edad, el enfermero comparte su historia desde el Hospital Psiquiátrico hasta el DIF municipal; una trayectoria marcada por el apoyo de su familia y el cariño a sus pacientes
Por Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – En Parras, hay nombres que se vuelven sinónimo de confianza, y el de Jesús Favela Guerrero es uno de ellos. Con 65 años de vida y una trayectoria que suma ya 39 años de servicio ininterrumpido, “Chuy” —como lo conocen muchos de sus colegas— se ha convertido en un referente de lo que significa tener verdadera vocación por la salud. Su historia no es solo la de un profesional, sino la de un hombre que ha dedicado más de la mitad de su vida a cuidar a los demás.
LOS CIMIENTOS DE UNA CARRERA
Todo comenzó en 1986, cuando concluyó sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, en la Unidad Saltillo. Con su título de Licenciado en Enfermería bajo el brazo, regresó con el firme objetivo de servir. Desde aquel entonces, no ha soltado la camilla, el termómetro ni la mano de sus pacientes.
Hoy, su labor continúa vigente en el dispensario del DIF Parras. En este espacio, don Jesús es mucho más que un enfermero; es quien recibe a las familias con una palabra de aliento mientras les brinda atención médica básica, cura una herida o les explica con paciencia cómo seguir un tratamiento. Su presencia en el DIF asegura que los ciudadanos más vulnerables reciban no solo medicina, sino un trato digno.
EL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO Y LA CASA DEL ABUELO
Si algo define la experiencia de Favela Guerrero es su paso por instituciones que demandan una templanza especial. Durante años, formó parte del equipo del Hospital Psiquiátrico de Parras.
Allí, en la primera línea de batalla, aprendió que la enfermería requiere una observación minuciosa y un respeto absoluto por los protocolos. Le tocó vivir de todo: cubrió turnos matutinos, vespertinos y esas largas guardias nocturnas que ponen a prueba el carácter. También trabajó en el área de farmacia, lo que le dio una visión completa de cómo funciona el sistema de salud desde adentro.
Otro capítulo fundamental de su vida fue su paso por la Casa del Abuelo. Cuidar a los adultos mayores transformó su visión de la carrera. Ahí entendió que, a veces, una vigilancia permanente y el apoyo en las necesidades más básicas de un abuelito valen tanto como cualquier medicamento. Esa etapa reforzó su sensibilidad y le enseñó que la paciencia es la herramienta más importante de un enfermero.
EL SECRETO DE SU PERMANENCIA
A pesar de su colmillo y experiencia, don Jesús nunca se ha sentado a descansar en lo que ya sabe. Se ha preocupado por viajar y tomar cursos de capacitación, incluso en la Ciudad de México, para estar al día con los avances de la medicina. Para él, la práctica diaria en Parras es el examen final donde pone a prueba sus conocimientos, siempre con la humildad de quien sabe que nunca se termina de aprender.
Al preguntarle sobre el secreto de su larga carrera, él no duda en señalar a su familia. Ellos han sido el pilar que lo ha sostenido en los días difíciles y las jornadas agotadoras. “SIN SU RESPALDO, NO HABRÍA LLEGADO HASTA AQUÍ”, reconoce con gratitud.
Para Jesús Favela Guerrero, la enfermería no es solo un trabajo de oficina o de hospital; es una labor centrada en el servicio humano. Sus valores son innegociables: respeto, ética, responsabilidad y una puntualidad británica. Al final del día, lo que queda para él es la satisfacción de saber que cada jornada es una oportunidad para mejorar la calidad de vida de alguien más. Su huella en la salud de Parras ya es profunda, y su ejemplo queda como una invitación para las nuevas generaciones de enfermeros.