Salida de Adán Augusto López Hernández como coordinador de la bancada morenista en el Senado, clara señal de presión mundial sobre México, no frenan escándalos
Por: José M. Padilla
M-News/La Prensa
CIUDAD DE MÉXICO, CDMX.- La salida de Adán Augusto López Hernández como coordinador de la bancada de Morena en el Senado no fue un movimiento menor ni una simple reconfiguración interna. Ocurre en medio de una cadena de escándalos, señalamientos públicos y presiones internacionales que han colocado al oficialismo bajo una lupa cada vez más incómoda por sus presuntos vínculos con el crimen organizado.
Adán Augusto, uno de los hombres más cercanos al presidente y operador clave de Morena durante los últimos años, arrastraba una pesada carga política desde su paso como gobernador de Tabasco, donde diversas investigaciones periodísticas documentaron crecimiento atípico de grupos criminales, protección institucional y redes de impunidad que nunca fueron aclaradas de fondo. A ello se sumaron versiones reiteradas sobre relaciones políticas y financieras con personajes ligados al narcotráfico, así como omisiones graves en materia de seguridad.
Su permanencia como líder del Senado se volvió insostenible conforme crecieron los señalamientos contra el gobierno mexicano desde Estados Unidos. En semanas recientes, autoridades y agencias estadounidenses han elevado el tono contra México, exigiendo romper vínculos con el narco, limpiar estructuras políticas y cortar la protección desde el poder. En ese contexto, la figura de Adán Augusto se convirtió en un pasivo político imposible de sostener.
Analistas coinciden en que su caída no es aislada, sino parte de una sacudida obligada dentro de Morena, ante la presión internacional y el desgaste interno por la narrativa de corrupción, colusión y tolerancia con el crimen organizado que persigue al partido en el poder. La remoción busca enviar una señal, aunque tardía, de control de daños frente a los señalamientos que ya trascienden fronteras.
La salida del senador tabasqueño confirma que los escándalos pesan, que los vínculos incómodos alcanzan incluso a los círculos más cercanos del poder y que Morena comienza a pagar el costo político de haber normalizado figuras señaladas por corrupción y presunta relación con el narco.