MUJER QUE SE ABRIÓ CAMINO EN EL MAGISTERIO
De las aulas de la Secundaria Presidente Madero a la secretaría general del sindicato; una crónica sobre el poder de la educación y el reto de formar ciudadanos con valores
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – Hay pasiones que se despiertan temprano. Para Leticia Refugio Martínez Hernández, el mundo comenzó a hacerse grande en tercer grado de primaria, gracias a una maestra que le enseñó a amar la Geografía. Ese fue el primer trazo de un mapa que la llevaría, a los 19 años, a salir de su natal Parras de la Fuente para perseguir un sueño: ser maestra. Hoy, tras 41 años de servicio, su legado no se mide en libros, sino en las generaciones que ayudó a formar.
El aula como segundo hogar
La trayectoria de la maestra “Lety” es un viaje de constancia. Dedicó 23 años a la Secundaria Presidente Madero y otros 18 a la Secundaria Hernando de Tovar. En esos pasillos, no solo explicó el relieve o los climas; inculcó la solidaridad y el respeto que aprendió en su casa, bajo el ala de sus padres, Reynaldo y María del Refugio. Como muchas mujeres de su tiempo, el equilibrio fue su mayor reto: gracias al apoyo de su madre, logró combinar las pizarras con la crianza de sus hijos, Lilian y Marco Antonio, viendo con orgullo cómo su hija decidió seguir sus pasos en la docencia.
Rompiendo el techo de cristal sindical
Pero la labor de Leticia fue más allá del salón de clases. En un entorno donde las decisiones sindicales solían tomarse en voces masculinas, ella se alzó como Secretaria General de la delegación D-II. Ocupar ese cargo no fue solo un logro personal, sino un mensaje silencioso pero contundente para sus compañeras: el liderazgo no tiene género, tiene capacidad y compromiso.
El servicio que no se jubila
Para una verdadera maestra, la enseñanza no termina con la jubilación. Actualmente, Leticia vuelca su experiencia en ANSPAC, donde trabaja en la superación personal de amas de casa. Entre manualidades y reflexiones bíblicas, sigue cumpliendo su propósito de vida: aportar a la sociedad. Su consejo para las nuevas generaciones es tan sólido como sus clases de Ciencias Sociales: “Conserven los valores y transmítanlos; esa es la base de todo ser humano”.
Leticia Martínez es, en esencia, una mujer que entendió que educar es la forma más noble de servir, y que un buen maestro es aquel que, incluso después de años, sigue siendo recordado por la calidez de su guía.