Escucharlo no es solo conocer la historia: es recorrer las calles de otro tiempo, entender a sus habitantes y situarse en el origen mismo de Parras, donde cada relato reconstruye la vida cotidiana, las familias y los momentos que dieron forma a la comunidad
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA.- En entrevista para el Semanario La Prensa, Héctor Barraza Arévalo comparte una trayectoria enfocada en el estudio de la historia de Parras de la Fuente a través de la genealogía, la memoria familiar y la investigación documental, una labor que no solo recupera información, sino que permite volver a mirar el origen de una comunidad que, para él, conserva un significado profundo.
UNA HISTORIA QUE SE CUENTA DESDE LA MEMORIA
Escucharlo es acercarse a una forma distinta de entender la historia. Sus palabras no se limitan a los datos: reconstruyen escenas, devuelven voces y permiten imaginar un Parras de otro tiempo, donde las calles, las acequias y las casas no eran únicamente espacios físicos, sino puntos de encuentro entre familias, trabajo y vida cotidiana.
En su manera de relatar, el pasado se vuelve cercano. Aparecen los barrios, las familias, las conversaciones heredadas, y con ellas, la sensación de que la historia permanece en quienes hoy habitan el municipio.
ORIGEN FAMILIAR Y VINCULO CON PARRAS
Héctor Barraza Arévalo nació el 20 de abril de 1956 en Parras, Coahuila. Es hijo de José Barraza Garcés y Josefina Arévalo López, y forma parte de una familia integrada por nueve hermanos, ocupando el quinto lugar. Su vida ha transcurrido, en su mayor parte, en esta tierra, aun cuando ha tenido etapas fuera del país. Sin embargo, su vínculo con Parras se ha mantenido constante.
Su interés por la historia comenzó en casa, en las conversaciones familiares, en los relatos de sus abuelos y en la convivencia con vecinos, donde las historias se compartían como parte de la vida diaria.
“Las historias del barrio, de la familia y de la comunidad fueron el detonante para interesarme en conocer el pasado”, expresa.
DE LA MEMORIA ORAL A LA INVESTIGACIÒN
Desde entonces, esa inquietud se convirtió en una búsqueda permanente. No se trataba solo de conocer fechas, sino de entender a las personas, sus relaciones, sus formas de vida y la manera en que construyeron su entorno.
En el campo de la genealogía, ha logrado registrar cerca de 22 mil personas, estableciendo una red de vínculos familiares que conecta a Parras con distintos puntos de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y el sur de Texas. Cada registro representa una historia que forma parte de una memoria compartida.
Su trabajo también lo ha llevado a revisar documentos históricos, entre ellos registros civiles del siglo XIX relacionados con las Leyes de Reforma, lo que le ha permitido identificar cambios en la organización social y comprender cómo estos procesos impactaron la vida cotidiana de la población.
VOCACION DOCENTE
Cursó su formación académica en instituciones locales: la primaria en la escuela Fundadores, la secundaria en la Federal Presidente Madero y el bachillerato en el Cbta21. Posteriormente, se integró al ámbito educativo, donde se desempeñó como docente durante aproximadamente 30 años en la preparatoria Juan Agustín de Espinoza, etapa en la que mantuvo un contacto cercano con generaciones de estudiantes y fortaleció su manera de transmitir el conocimiento histórico.
Durante dos décadas trabajó junto al sacerdote Agustín Churruca, experiencia que influyó en su forma de aproximarse a la investigación. “Se insistía en ir a las raíces, a la época colonial, para entender los procesos actuales”, señala.
UNA SOCIEDAD CONSTRUIDA EN COMUNIDAD.
A partir de este enfoque, plantea que la sociedad original de Parras se organizaba de forma distinta a otros contextos novohispanos. “No era una sociedad vertical, sino horizontal, donde el concepto de comunidad tenía prioridad sobre lo individual”, explica.
Detalla que una sociedad vertical es aquella en la que existen jerarquías marcadas, donde el poder y la toma de decisiones se concentran en ciertos grupos, estableciendo diferencias claras entre sectores de la población. En contraste, una sociedad horizontal se caracteriza por relaciones más equitativas, donde la comunidad tiene un papel central, la colaboración es constante y las decisiones se construyen de manera más colectiva.
En el caso de Parras, indica, este modelo permitió que la vida social se organizara en torno al trabajo compartido, el uso común de recursos como el agua y la tierra, y una dinámica en la que las familias y los vecinos participaban activamente en la construcción de su entorno.
CALLES QUE CUENTAN HISTORIA
De acuerdo con su investigación, esta estructura se mantuvo hasta principios del siglo XIX, cuando los cambios políticos y económicos transformaron la distribución de tierras y modificaron el equilibrio social.
Estos procesos permiten comprender características que aún se observan en la actualidad, como el sentido de pertenencia y las formas de convivencia. También se reflejan en el desarrollo urbano, ya que muchas calles siguen el curso de antiguas acequias y zonas de cultivo, lo que evidencia el origen agrícola del municipio.
HALLAZGOS QUE HABREN NUEVAS PREGUNTAS
Entre sus hallazgos recientes destaca la presencia documentada de descendientes del emperador Moctezuma en Parras, un dato que no solo amplía el panorama histórico del municipio, sino que abre interrogantes sobre los vínculos entre las élites indígenas y los procesos de colonización en el norte del país.
Este registro sugiere la posible movilidad de linajes que, tras la caída del imperio mexica, se integraron en distintas regiones de la Nueva España. En el caso de Parras, plantea la necesidad de profundizar en cómo estos descendientes llegaron al municipio, qué papel desempeñaron dentro de la comunidad y de qué manera influyeron en su conformación social. “Surgen preguntas sobre cómo llegaron y cuál fue su papel en la formación de la comunidad”, menciona.
Tradición, identidad y continuidad
Barraza Arévalo también resalta el papel de Parras como punto estratégico durante la época novohispana, particularmente en el abastecimiento agrícola hacia regiones mineras del norte del país.
En cuanto a las tradiciones, indica que algunas prácticas religiosas han cambiado con el tiempo; sin embargo, otras se mantienen, como la elaboración de dulces, actividad que tiene su origen en la necesidad de conservar alimentos y que hoy forma parte de la identidad local.
Acercar la historia al presente
Además de investigar, ha buscado nuevas formas de compartir el conocimiento. A través de herramientas digitales y la intervención de imágenes, intenta acercar el pasado a las nuevas generaciones.
En lo personal, mantiene un interés constante por la lectura, la tecnología y el aprendizaje continuo, incorporando incluso nuevas herramientas como apoyo en su labor.
Un mensaje a las nuevas generaciones
Finalmente, dirige un mensaje a los jóvenes sobre la importancia de conocer la historia y valorar la memoria colectiva.
“Es importante valorar la historia, escuchar a las generaciones anteriores y entender el papel de la comunidad”, expresa.
La historia que permanece
Barraza Arévalo resume su trayectoria en una frase: “Trabajo y felicidad”. Sin embargo, su labor refleja un compromiso constante por preservar la historia de Parras.
Porque en cada nombre que recupera, en cada familia que logra enlazar y en cada historia que reconstruye, se mantiene viva la memoria de una comunidad. Parras no es solo un lugar del pasado. Es una historia que sigue presente.
Y en esa memoria, sostenida por quienes la investigan y la comparten, no solo se recuerda: se entiende, se reconoce… y permanece.