“Es cansado, pero sigue siendo bonito. En la obra todavía surge arte. Lo que te imaginas es lo que haces”, expresa el constuctor
Por Iván Villarreal
La Prensa
A un año de haber sido reconocido en el marco del Día de la Santa Cruz, Ángel Navarro continúa demostrando que la albañilería es más que un oficio: es una forma de crear, imaginar y transformar.
Hoy, con 64 años de edad y 46 años de experiencia, el albañil originario de Monclova sigue activo en la obra, entre mezcla, blocks y varilla, reafirmando la pasión que lo ha acompañado desde que comenzó a trabajar a los 15 años.
“Es cansado, pero sigue siendo bonito. En la obra todavía surge arte. Lo que te imaginas es lo que haces”, expresa mientras supervisa nuevos proyectos, ahora con la experiencia que le han dado décadas de trabajo.
Lejos de retirarse, don Ángel continúa participando en la construcción de espacios que, asegura, llevan su sello personal. Sin necesidad de planos formales, mantiene la costumbre de idear diseños propios que luego materializa con sus manos, convencido de que la creatividad no depende de un título, sino de la práctica y la visión.
“Nos sigue gustando ver las cosas terminadas, porque nosotros mismos las creamos. Eso no cambia”, afirma con una sonrisa, mientras observa una obra en proceso que, como muchas otras, lleva parte de su esencia.
A lo largo de este último año, también ha reforzado la enseñanza a nuevas generaciones, incluyendo a su propio hijo, quien continúa trabajando a su lado. Para él, transmitir el conocimiento del oficio es tan importante como ejercerlo. “Hay que enseñar que esto también es arte, que se puede construir algo bonito con las manos”, señala.
Aunque reconoce que el paso del tiempo hace más pesado el trabajo físico, su entusiasmo permanece intacto. “Claro que se siente más el cansancio, pero mientras haya fuerza, aquí vamos a seguir”, comenta.
En este nuevo aniversario del Día del Albañil, Ángel Navarro no solo representa la constancia de un trabajador, sino la permanencia de un oficio que sigue construyendo no solo estructuras, sino historias de esfuerzo, creatividad y orgullo en Monclova.