Desde temprana hora, decenas de personas llegaron al camposanto para limpiar las tumbas y colocar arreglos florales en honor a aquellas mujeres que dedicaron su vida a cuidar y proteger a sus familias
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Las flores reemplazaron los abrazos y las oraciones ocuparon el lugar de las serenatas este 10 de mayo en el Panteón Guadalupe, donde cientos de familias acudieron para recordar a las madres que ya no están físicamente, pero cuya presencia sigue viva en cada consejo, enseñanza y anécdota que permanece en la memoria de sus hijos.
Desde temprana hora, decenas de personas llegaron al camposanto para limpiar las tumbas y colocar arreglos florales en honor a aquellas mujeres que dedicaron su vida a cuidar y proteger a sus familias, entre lápidas y veladoras, el ambiente se llenó de nostalgia mientras hijos y nietos compartían recuerdos de quienes fueron el pilar de sus hogares.
Lilia Mares, vecina de la colonia Obrero Norte, visitó la tumba de su madre, quien este 13 de mayo cumple 24 años de fallecida, además de las de sus dos hermanas y su padre, con emoción recordó las reuniones familiares que realizaban junto a sus 13 hermanos para cantarle serenatas y celebrar juntos el Día de las Madres, una tradición que, aseguró, cambió completamente tras su partida.
Entre sonrisas también evocó aquellos regaños de infancia con chancla y jalones de oreja que hoy forman parte de los recuerdos más valiosos de su vida, compartió además el dolor reciente por la pérdida de una de sus hermanas hace apenas un año y medio, mientras otra falleció hace 12 años, dejando hijos que hoy continúan reuniéndose para mantener viva la unión familiar.
Por su parte, Julia Rosa, habitante de la colonia Guerrero, acudió junto a su hermana para visitar la tumba de su madre, Julia Rodríguez, fallecida hace más de dos décadas debido a un enfisema pulmonar.
Recordó con cariño las historias que les contaba sobre Guanajuato y los consejos que les daba constantemente para salir adelante y aprender a valerse por sí mismas.
En medio del silencio del cementerio, ambas mujeres coincidieron en que el amor de una madre nunca desaparece, aun después de la muerte, entre lágrimas, enviaron un mensaje a quienes todavía tienen la fortuna de contar con sus madres: cuidarlas, visitarlas y aprovechar cada instante a su lado, porque las reuniones familiares y las celebraciones jamás vuelven a ser las mismas cuando ellas faltan.