Entre investigaciones, entregas y escándalos, “el proyecto de nación y cuarta transformación” recibe fuertes golpes en credibilidad y aumenta su crisis política
Por: José Fidalgo
La Prensa
La narrativa de estabilidad y control que Morena intentó sostener durante años comienza a derrumbarse en Sinaloa. Las recientes entregas y procesos judiciales relacionados con exfuncionarios cercanos al gobierno estatal encendieron una nueva crisis política que ya golpea directamente la credibilidad de la llamada Cuarta Transformación.
La entrega ante autoridades estadounidenses de Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas del gobierno sinaloense, así como el caso del exsecretario de Seguridad Pública, Gerardo Mérida Sánchez, colocaron nuevamente a Sinaloa en el centro del escándalo nacional e internacional. Ambos exfuncionarios han sido vinculados en investigaciones relacionadas con presuntas redes de protección criminal y nexos con estructuras del narcotráfico.
Lo que más preocupa al interior de Morena no es solamente el impacto judicial, sino el efecto político que esto está generando. Versiones difundidas en medios nacionales señalan que agencias de Estados Unidos mantienen bajo observación a diversos actores del círculo cercano al poder en Sinaloa, incluyendo figuras ligadas al gobierno estatal, estructuras de seguridad y operadores políticos.
Entre los nombres que más han resonado en reportes y filtraciones aparecen Rubén Rocha Moya; el senador Enrique Inzunza; el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez; así como otros perfiles relacionados con áreas estratégicas de seguridad y gobernabilidad. Aunque varios de los señalamientos permanecen en proceso o dentro de investigaciones abiertas, la percepción pública comienza a generar un enorme desgaste para el oficialismo.
La crisis se agrava porque estos casos no aparecen de manera aislada. Durante los últimos meses, Morena ha enfrentado constantes polémicas relacionadas con presuntos vínculos criminales, protección política y corrupción institucional. Uno de los temas que más golpeó mediáticamente fue el caso relacionado con Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco durante la administración de Adán Augusto López Hernández, señalado por presuntos nexos con grupos criminales conocidos como “La Barredora”.
A ello se suman los escándalos relacionados con redes de huachicol fiscal y las investigaciones sobre presuntas operaciones ilegales donde incluso han salido mencionados elementos vinculados con instituciones federales y estructuras de seguridad marítima.
El ambiente político se volvió todavía más tenso debido a los constantes rumores sobre posibles nuevas investigaciones y más personajes cercanos a Morena bajo la lupa de autoridades estadounidenses. En círculos políticos y mediáticos ya se habla de nerviosismo, deslindes internos y operadores que buscan tomar distancia antes de que el escándalo siga creciendo.
Además, gobernadores emanados de Morena como Marina del Pilar Ávila, en Baja California, y Américo Villarreal, en Tamaulipas, también han enfrentado cuestionamientos públicos, versiones periodísticas y señalamientos mediáticos relacionados con presuntas investigaciones o vínculos incómodos, alimentando una narrativa nacional de desgaste para la 4T.
Mientras tanto, el discurso oficial de honestidad y transformación comienza a perder fuerza frente a una realidad marcada por violencia, investigaciones internacionales, escándalos políticos y una creciente percepción de descontrol.
Porque el verdadero problema para Morena ya no es solamente electoral. El riesgo más grande es que millones de personas comiencen a sentir que el movimiento que prometió cambiar al país terminó atrapado en las mismas prácticas, los mismos excesos y las mismas sombras que durante años criticó desde la oposición.
Y en Sinaloa, cada vez son más quienes aseguran que lo que hoy se vive no es un simple escándalo político… sino el principio del derrumbe interno de la Cuarta Transformación.