ADELA ORTIZ MONTES
Lejos de su tierra, pero cerca del corazón de sus alumnos, la maestra ha encontrado en la educación una manera de transformar vidas
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – Entre el sonido de las risas infantiles, los cuadernos llenos de colores y las pequeñas manos que buscan aprender, existen maestros que convierten su profesión en una verdadera vocación de vida. Son ellos quienes, más allá de enseñar a leer o escribir, acompañan, orientan, escuchan y dejan huellas que permanecen para siempre en el corazón de sus alumnos.
En el marco del Día del Maestro, la historia de Adela Ortiz Montes refleja el esfuerzo, la sensibilidad y el compromiso de quienes día con día entregan lo mejor de sí frente a grupo, formando generaciones desde el cariño, la paciencia y la dedicación.
UN SUEÑO QUE NACIÓ EN LA INFANCIA
Orgullosamente originaria de Parras de la Fuente, Coahuila, Adela Ortiz Montes, de 32 años, recordó que su sueño de convertirse en maestra nació desde que era apenas una niña.
Con una sonrisa, compartió que solía jugar junto a sus hermanas a “ser maestras”, imaginando pequeños salones donde explicaba lecciones y corregía tareas, sin saber que aquella ilusión infantil terminaría convirtiéndose en la profesión que más ama.
“Siempre me gustó ser maestra”, expresó.
Su inspiración nació precisamente dentro de las aulas de primaria, observando a aquellas docentes que marcaron profundamente su infancia y que, sin imaginarlo, sembraron en ella el deseo de seguir sus pasos.
Con especial cariño recordó a su maestra “Chayito”, de primer grado, así como a la maestra Aracely, de sexto año, a quien describió como una mujer dedicada, paciente y llena de sabiduría.
También habló con admiración de la directora Hortencia, de quien recuerda no solamente su inteligencia y facilidad de palabra, sino también la elegancia y seguridad con la que se conducía frente a sus alumnos.
“Amaba su forma de vestir”, comentó entre risas.
UNA ETAPA DE ESFUERZO Y PREPARACIÓN
Decidida a cumplir su sueño, ingresó a la Normal Dora Madero para estudiar la Licenciatura en Educación Primaria, etapa que describe como una de las más importantes y retadoras de su vida.
Durante sus años de preparación profesional enfrentó dificultades económicas y académicas, pero jamás permitió que eso la hiciera desistir.
Mientras estudiaba, trabajaba los fines de semana en una tienda de ropa para apoyarse económicamente y continuar con sus estudios.
Recuerda aquellas jornadas cansadas, las tareas, exposiciones y materias complicadas, pero también las amistades, aprendizajes y experiencias que fortalecieron su carácter y reafirmaron que había elegido el camino correcto.
“Siempre traté de ser dedicada y responsable”, expresó.
DIEZ AÑOS FRENTE AL AULA
Actualmente cuenta con diez años de servicio docente y se desempeña frente al grupo de 2°C en la escuela José de la Luz Valdés Valdés, ubicada en la colonia Morelos de Saltillo, Coahuila.
Ahí, aseguró, ha encontrado no solamente estabilidad laboral, sino también compañeras de trabajo que se han convertido en un apoyo importante dentro de su vida profesional, además de una directora que constantemente impulsa al personal docente a seguir creciendo.
A pesar de los años de experiencia, Adela aún recuerda con claridad el primer día que inició como maestra interina.
Los nervios, la emoción y la incertidumbre se mezclaban mientras finalmente llegaba el momento de estar frente a grupo y compartir con sus alumnos aquellos conocimientos que durante tanto tiempo había preparado.
“Estaba muy nerviosa, pero muy emocionada”, recordó.
Con el paso del tiempo comprendió que ser maestra implica mucho más que cumplir un horario o seguir un programa educativo.
Significa escuchar, comprender, tener paciencia y, muchas veces, convertirse en una figura de apoyo emocional para los alumnos.
LOS RETOS DENTRO Y FUERA DEL AULA
Reconoce que dentro del salón existen retos diarios relacionados con el aprendizaje, la conducta, los padres de familia y diversas situaciones administrativas; sin embargo, señaló que siempre procura mantener su atención en lo verdaderamente importante: sus alumnos.
“Trato siempre de garantizar el aprendizaje en ellos”, afirmó.
Uno de los retos más difíciles que ha enfrentado ha sido permanecer lejos de Parras y de su familia, situación que asegura nunca termina de superarse
Extrañar su tierra, sus costumbres y a sus seres queridos es algo que la acompaña constantemente, razón por la cual cada oportunidad de regresar a casa, aunque sea por un fin de semana, representa un momento especial para ella.
Asimismo, habló sobre algunas experiencias difíciles dentro del ámbito laboral, particularmente actitudes negativas que en ocasiones enfrentan los maestros jóvenes por parte de docentes con mayor antigüedad.
Aun así, considera que cada obstáculo le ha permitido fortalecerse y continuar creciendo tanto personal como profesionalmente.
APRENDER JUNTO A SUS ALUMNOS
Consciente de que las nuevas generaciones viven en constante contacto con la tecnología, señaló que los docentes tienen la responsabilidad de mantenerse actualizados y buscar nuevas estrategias de enseñanza.
Por ello, procura innovar constantemente dentro del aula mediante actividades dinámicas y herramientas atractivas para sus alumnos.
Este ciclo escolar, comentó, ha tenido la oportunidad de trabajar con dos alumnos con Trastorno del Espectro Autista (TEA), experiencia que le ha permitido aprender nuevas formas de comunicación, comprensión y enseñanza.
Lejos de considerarlo una dificultad, aseguró que ha sido una de las etapas más enriquecedoras de su trayectoria docente.
“Disfruto mucho el intercambio de conocimientos que he tenido con ellos”, compartió.
“LOS NIÑOS SON SERES DE AMOR PURO”
Para Adela, una de las partes más hermosas de ser maestra es la sinceridad con la que los niños expresan su cariño.
“Los niños son seres de amor puro”, dijo con emoción.
Explicó que muchas veces son ellos mismos quienes fortalecen el ánimo de sus maestras con abrazos, dibujos, palabras espontáneas o pequeños gestos que logran alegrar incluso los días más difíciles.
“Todo lo ven bonito en nosotras”, expresó.
Entre las experiencias que más han marcado su vida profesional recordó particularmente la historia de un alumno que enfrentó un grave problema de salud luego de que una bacteria afectara su cerebro.
El menor permaneció en coma y tuvo que someterse a múltiples cirugías, situación que conmovió profundamente a la docente.
Durante todo ese proceso, Adela procuró mantenerse cercana tanto al niño como a su familia mediante videollamadas, mensajes y constantes muestras de apoyo.
Hoy, con alegría y emoción, comparte que el alumno logró salir adelante, aunque tuvo que volver a aprender muchas habilidades desde cero.
Aún mantiene comunicación con la madre del menor, quien le comparte noticias sobre sus avances y el esfuerzo que continúa realizando para salir adelante.
“Me da mucho gusto saber de él y de lo buen alumno que es”, comentó.
ENSEÑAR DESDE EL CORAZÓN
Finalmente, Adela reflexionó sobre la situación actual de la educación en México, señalando que, aunque muchas veces la labor docente es poco valorada, quienes realmente viven el trabajo frente a grupo conocen las realidades y desafíos que diariamente enfrentan dentro de las aulas.
A pesar de ello, aseguró que los maestros continúan trabajando con lo que tienen y dando lo mejor de sí para formar niños capaces de construir un mejor futuro.
A quienes actualmente estudian para convertirse en docentes, les envió un mensaje lleno de sinceridad: no permitir que las críticas apaguen su vocación y recordar siempre las razones por las que eligieron esta profesión.
“Mientras hagan las cosas desde el corazón y sin olvidar por qué eligieron ser maestros, siempre habrá resultados positivos”, expresó.
Porque detrás de cada maestro existe también una historia de esfuerzo, sacrificios y sueños cumplidos. Y detrás de cada alumno que aprende, siempre habrá un docente que decidió enseñar con el alma.