Juan Igancio de 36 años excavó lo que ahora es su hogar en un lote baldío en la colonia Pípila para protegerse de la intemperie
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Bajo un lote baldío de la colonia Pípila, en la calle Velia Campos, la tierra no solo sostiene la ciudad, también la esconde; a simple vista el terreno parece vacío, olvidado, pero una abertura estrecha revela otra realidad: una que no se ve desde la superficie. Bajo tierra vive Juan Igancio Ramón García, un hombre de 36 años, quien convirtió el subsuelo en su único resguardo.
Su vivienda no tiene cimientos ni fachada, es una cueva de aproximadamente tres metros de largo por 1.70 metros de ancho, excavada por él mismo con esfuerzo constante, retirando tierra hasta formar un espacio donde pudiera dormir y protegerse, desde hace casi un año, ese lugar reducido se ha convertido en su hogar.
Juan Igancio recibe a quienes llegan con una actitud serena y respetuosa, no hay evasivas en sus palabras ni intentos por maquillar su realidad, habla con claridad y reconoce que las adicciones han sido un factor determinante en su vida, una condición que lo ha llevado a enfrentar situaciones complejas y a vivir en condiciones extremas.
En el interior de la cueva, la vida se reduce a lo esencial: un colchón, algunas pertenencias y objetos básicos conforman su entorno diario, el espacio, aunque es limitado, pero lo ha ido adaptados con el tiempo para hacerlo funcional dentro de sus posibilidades.
Juan Igancio explicó que, la forma en la que excavó la entrada permite que el agua escurra hacia los lados, lo que ha evitado inundaciones durante las lluvias que se han registrado en los últimos días en la ciudad.
Para comprar sus alimentos el joven honradamente sale diariamente a trabajar, limpiando carros, tirando basura de vecinos del sector o limpiando patios y con lo que le pagan compra su comida diaria.
El terreno donde se encuentra la excavación, según relata, pertenece a particulares que le han permitido permanecer ahí tras conocer su situación y ese acuerdo le ha dado un espacio donde vivir mientras intenta sostenerse en medio de una etapa difícil.
En ese reducido espacio bajo la tierra, Juan Ignacio no solo resguarda su cuerpo de la intemperie, sino también una rutina de esfuerzo silencioso con la que intenta sostenerse cada día lejos de la sociedad y consiente de sus problemas de adicción.