• Ana Rosa Dionicio Gregorio, originaria de Ixtlahuaca, Estado de México, afirmó que hoy “nuestras niñas y nuestros niños pueden hablar mazahua con orgullo”
En su participación en la sesión de la Comisión Permanente, Ana Rosa Dionicio Gregorio, hablante de lengua mazahua, expresó que hoy las comunidades indígenas cuentan con mayores oportunidades para decidir sobre su propio desarrollo, fortalecer su identidad y preservar su patrimonio cultural.
Indicó que el logro más importante no se refleja únicamente en las obras o en los programas, se refleja en la dignidad recuperada con el reconocimiento constitucional de nuestros derechos y las políticas públicas dirigidas al fortalecimiento de nuestras comunidades,
Hoy –dijo– nuestras niñas y nuestros niños pueden hablar mazahua con orgullo, nuestras mujeres pueden portar su vestimenta tradicional sin temor a ser señaladas, nuestros artesanos son reconocidos por el valor de su trabajo y nuestras comunidades son vistas como guardianas de una riqueza cultural que pertenece a todo México.
Añadió que hoy puede decir con orgullo que es mazahua y compartir con el mundo, sin miedo y con la frente en alto, la inmensa riqueza cultural de mi pueblo; sin embargo, el reconocimiento no significa que el camino ha terminado, pues como pueblos originarios también son parte de la transformación del país y enfrentan los desafíos de un mundo cada vez más globalizado. “Tenemos la responsabilidad de adaptarnos a los nuevos tiempos sin renunciar a nuestra esencia”.
Ana Rosa Dionicio comentó que hoy muchos son profesionistas, investigadores, docentes, médicos, ingenieros, emprendedores y servidores públicos. Han demostrado que el conocimiento académico y la sabiduría ancestral no son opuestos, sino complementarios.
“Sin importar hasta dónde lleguemos, en nuestro corazón sigue latiendo la herencia de nuestros abuelos: el respeto por la tierra, el amor por la comunidad, la solidaridad, el trabajo colectivo y la profunda convicción de que nuestras raíces son nuestra mayor fortaleza”, abundó.
Se pronunció para que las futuras generaciones nunca tengan que elegir entre conservar su identidad o alcanzar sus sueños. Que puedan hacer ambas cosas con el mismo orgullo. Que hablar su lengua siga siendo motivo de honor, que sus bordados continúen contando historias, y que sus ceremonias, tradiciones y forma de entender la vida permanezcan vivas por muchos siglos más.
Puntualizó que un pueblo que honra sus raíces construye un mejor futuro, y mientras exista una mujer, un hombre, una niña o un niño que siga hablando mazahua, bordando nuestra historia o transmitiendo nuestras tradiciones, nuestro pueblo seguirá vivo.
La hablante de lengua mazahua dijo ser de la comunidad de Guadalupe Cachi, municipio de Ixtlahuaca, Estado de México, y afirmó que durante muchos años sus saberes fueron ignorados y, en muchas ocasiones, su lengua, forma de vestir y costumbres fueron motivo de discriminación, y esa realidad dejó una profunda huella en muchas generaciones.