Otra vez amanecimos con la noticia de un súper peso y, cada vez que esto sucede, aparecen reacciones encontradas. Hay quienes celebran y quienes se preocupan. ¿Quién tiene razón?

El tipo de cambio no es un marcador de futbol en el que México gana cuando baja el dólar y pierde cuando sube. Es simplemente el precio de una moneda frente a otra y, como sucede con muchos precios en la economía, cuando se mueve hay quienes ganan y quienes pierden.

En los últimos meses el peso mexicano se ha fortalecido considerablemente. Hace un año un dólar costaba alrededor de 18.60 pesos; hoy ronda los 17.20. Es decir, nuestra moneda se ha apreciado cerca de 8 por ciento.

El movimiento más reciente tuvo mucho que ver con lo ocurrido en Estados Unidos. Los últimos datos de empleo sorprendieron negativamente: durante julio la economía estadounidense perdió 23 mil empleos. Ante señales de una economía que pierde dinamismo, los mercados modifican sus expectativas sobre lo que hará la Reserva Federal con las tasas de interés y eso termina afectando al dólar frente a otras monedas, entre ellas el peso.

Pero vayamos a lo importante: ¿qué significa todo esto para nuestro bolsillo?

Para el turista mexicano que piensa viajar a Estados Unidos es una buena noticia. Necesita menos pesos para comprar los mismos dólares y, por lo tanto, le cuestan menos el hotel, las compras o los alimentos.

También ayuda a contener la inflación. México importa una enorme cantidad de productos e insumos y, cuando necesitamos menos pesos para comprarlos, disminuye la presión sobre los precios. Una empresa que importa maquinaria, componentes o materias primas también puede reducir sus costos.

Pero del otro lado están quienes reciben dólares. Para una familia que vive de las remesas, un peso más fuerte significa recibir menos pesos por la misma cantidad de dólares que manda su familiar desde Estados Unidos.

Algo similar sucede con los exportadores, y eso es especialmente importante para Coahuila, que ocupa el segundo lugar nacional en exportaciones.

Por eso, un peso demasiado fuerte tiene efectos importantes para nuestra región. Las empresas exportadoras reciben menos pesos por los dólares que generan, aunque algunas pueden compensar parte de ese efecto si también importan componentes, maquinaria o materias primas.

Incluso el sector inmobiliario industrial vive esta dualidad. Muchos contratos de naves industriales están establecidos en dólares. Cuando el peso se fortalece, esos mismos dólares representan menos pesos para quien recibe la renta.

Con el turismo ocurre algo parecido: para los mexicanos resulta más barato viajar al extranjero, mientras que México se vuelve relativamente más caro para los visitantes internacionales.

Entonces, ¿es bueno o malo que baje el dólar?

Depende de quién haga la pregunta.

Para el consumidor, el importador o el viajero puede ser una excelente noticia. Para quien recibe remesas, exporta o genera buena parte de sus ingresos en dólares, puede representar un problema.

Por eso conviene dejar de ver el tipo de cambio como un marcador de éxito o fracaso. Ni un dólar barato significa automáticamente que todo marcha bien, ni uno caro significa necesariamente que todo va mal.

Para un estado como Coahuila, profundamente ligado al comercio internacional, la verdadera fortaleza no está en celebrar un dólar barato o lamentar uno caro. Está en tener empresas productivas, trabajadores preparados y una economía competitiva capaz de aprovechar las ventajas y enfrentar los riesgos ante cualquier escenarios.

Esas, más que cualquier tipo de cambio, son nuestras verdaderas fortalezas.

Publicado por Iris Camila Beltran