Rubén Moreira Valdez
El rito parlamentario indica que el primer día de septiembre inicia el último año de la LXVI Legislatura. Será conocida como la de la Presidenta, pues actuó al ritmo de las iniciativas que ella mandó. Muy poco se procesó de las suscritas por los legisladores y, peor aún, la mayoría morenista decidió abdicar de las funciones de control que le corresponden a la Cámara de Diputados. Algo similar sucede en el Senado.
Se trabaja en dos periodos: del primero de septiembre a diciembre, y el segundo, en 2027, de febrero a abril. Sí, además, consideramos que viene un proceso electoral y una buena parte de los legisladores va a la competencia, bien por la reelección o en busca de otros cargos, poco queda por suceder en el segundo periodo. Todo, seguro, se va a concentrar en los meses siguientes y así veremos un debate atropellado y sin reflexión, con temas tan importantes como el paquete económico o la legislación para atender el grave caso de los feminicidios.
Morena se agandalló un número importante de escaños y curules. Eso le ha permitido, sin tener legitimidad, sacar adelante una serie de reformas constitucionales que cambiaron el rumbo del país; entre ellas, la que desmanteló el Poder Judicial. Pero no solo eso. Como lo adelanté, la desproporción de legisladores morenistas y su incapacidad para tener una agenda propia, por no decir su sumisión al Ejecutivo, eliminaron los contrapesos. Algunos de los rasgos de esa falta de independencia y subordinación los encontramos en conductas como las siguientes: los secretarios del Ejecutivo no rinden cuentas, las acciones de la Presidenta no son evaluadas, las comisiones bicamerales de Seguridad Nacional y de Evaluación y Seguimiento de la Fuerza Armada Permanente en Tareas de Seguridad Pública no funcionan desde hace años, y una buena parte de las comisiones ordinarias se convirtió en agencias de relaciones públicas.
En las Cámaras, el debate técnico no existe. Los congresistas que representan al régimen convirtieron sus intervenciones en una reproducción de letanías que les llegan desde las oficinas de dos o tres seudointelectuales que recuerdan sus años mozos y juegan a la política. No hay posibilidad de que tenga éxito un ejercicio dialéctico; la instrucción es no mover una coma a lo que llega del gobierno y jamás cuestionar a los funcionarios del régimen.
La dinámica que inauguró Morena en 2018 provocó una decadencia en la vida parlamentaria. La reducción de presupuestos puede ser vista como un buen gesto, pero significó la quiebra de los centros de estudio y la salida de asesores con experiencia. Un ejemplo de la crisis se encuentra en el procesamiento de iniciativas presentadas, donde hay un rezago del 94 por ciento, pues solo se han llevado al Pleno o desechado 349 de las 6,867 elaboradas por los diputados. Eso, sin contar con que más de 6,000 heredadas de la anterior legislatura fueron eliminadas por un acuerdo votado por el Pleno.
Así, un país con más de 130 millones de personas se da el lujo de tener un Congreso que no cumple con las expectativas y que, en los próximos días, tendrá en sus manos un paquete económico que tal vez contenga más impuestos, derechos y alza en los aranceles. Eso dicen las malas y peligrosas lenguas.
Publicado por Iris Camila Beltran




