Científicos documentaron una seguidilla inusual de varamientos en playas del oeste de Estados Unidos durante los últimos cinco años y todavía no logran explicar por qué esta criatura abandona su hábitat natural en el fondo marino
El pez balón del Pacífico, un rape abisal que vive a profundidades donde casi nunca llega la observación humana, volvió a aparecer en un lugar inesperado: la costa.
En los últimos cinco años se registró una seguidilla inusual de ejemplares varados en playas del oeste de Estados Unidos, un patrón que llamó la atención de especialistas porque se trata de una especie extremadamente rara y difícil de estudiar.
Hasta ahora, buena parte de lo que se sabía sobre este animal provenía de capturas aisladas y de unos pocos ejemplares conservados en colecciones científicas.
Esa escasez dejaba abiertas varias incógnitas sobre su distribución, su anatomía y las causas por las que, en ocasiones, termina lejos de las aguas profundas en las que habita.
El estudio, publicado en la revista California Fish and Wildlife Journal, reunió los registros conocidos de la especie y analizó los nuevos hallazgos.
A partir de esos registros, amplió la distribución documentada del pez, detectó variaciones anatómicas que no estaban bien descritas y reforzó una pregunta que sigue sin respuesta: por qué algunos individuos aparecen muertos o moribundos en la costa.
En más de un siglo solo se documentaron 41 hembras maduras
El trabajo se centró en Himantolophus sagamius, conocido como pez balón del Pacífico, una especie del grupo de los peces rape, caracterizada por una estructura frontal luminosa cuya función es atraer presas en la oscuridad del mar profundo. Esa estructura, llamada esca, actúa como un señuelo biológico y es uno de los rasgos más reconocibles de estos peces.
Según se detalla en el estudio, desde 1907 se registraron 41 individuos maduros de sexo femenino en todo el mundo, siete de los cuales se perdieron o no fueron preservados. El artículo indica además que todavía no se describió ningún macho de esta especie.
Los registros conocidos se distribuyen entre el noroeste, noreste, sudoeste y sudeste del océano Pacífico, con presencia frente a Japón, Rusia, California, Oregón, Hawái, Indonesia, Galápagos, Chile y Perú.
De esos ejemplares, 11 correspondieron a varamientos en playas, siendo que en California se documentaron 11 registros: ocho de ellos de animales que llegaron a la costa, y siete de esos varamientos ocurrieron dentro de los últimos cinco años. Para los autores, esa acumulación reciente no implica necesariamente un cambio biológico en la especie.
También puede reflejar un mayor esfuerzo de observación, más actividad de muestreo en aguas profundas y una disponibilidad mucho más amplia de cámaras y teléfonos para registrar hallazgos inusuales.
Los nuevos ejemplares permitieron corregir detalles anatómicos
Además de sumar observaciones, el estudio aprovechó varios ejemplares recientes preservados en museos para revisar características físicas del pez.
En especies tan raras, cada nuevo individuo aporta datos valiosos porque permite comprobar cuánto varían sus rasgos dentro de la misma especie y cuánto de esa diversidad había pasado inadvertido por falta de muestras.
Uno de los focos del análisis fue la esca bioluminiscente, es decir, el órgano que emite o modula luz y que cuelga delante de la boca. El trabajo señala que la morfología general de los ejemplares coincide con descripciones previas, pero también encontró variaciones fuera del rango documentado en publicaciones anteriores.
Entre ellas figuran diferencias en la cantidad de espinas dérmicas, cuya función es recubrir y proteger el cuerpo, y en el número y la forma de las prolongaciones del ilicio, el apéndice que sostiene el señuelo luminoso.
Según se detalla en el estudio, publicaciones anteriores habían informado entre 40 y 75 espinas dérmicas a cada lado del cuerpo. Sin embargo, uno de los ejemplares recientes presentó 37 a cada lado y otro mostró 35 de un lado y 37 del otro.
El artículo también describe variaciones en las espinas cercanas a la aleta pectoral y en el número de apéndices del ilicio, que en ejemplares recientes fue de cuatro, cinco, seis y hasta nueve apéndices.
Esos cambios pueden parecer menores fuera del ámbito especializado, pero son relevantes porque ayudan a definir con más precisión cómo es la especie. En animales escasamente observados, afinar esa descripción resulta central para distinguir errores de identificación.
La causa de los varamientos sigue siendo un enigma
El aspecto más llamativo del trabajo sigue siendo el mismo que despertó el interés inicial: por qué un pez que suele vivir a gran profundidad termina en la playa.
Los autores aclararon que no detectaron tendencias estacionales en los varamientos y que los ejemplares recuperados no mostraban daños externos compatibles con depredación previa. También indicaron que todos fueron hallados con el estómago vacío.
El comunicado y el estudio plantean una posibilidad con cautela. “Es posible que estos ejemplares varados estén desnutridos y cerca del final de sus vidas”, según se detalla en el estudio.
Dicho de otro modo, algunos de estos peces podrían haber llegado debilitados a una etapa final de su vida, aunque esa hipótesis todavía no está demostrada.
El trabajo añade otro dato relevante: el ejemplar hallado en Cannon Beach, en Oregón, en 2024, pasó a ser el registro más septentrional documentado para la especie. Esa ampliación de la distribución conocida se suma a un hallazgo anterior asociado al mismo pez.
Un estudio publicado en Journal of Fish Biology describió la primera detección de biofluorescencia en un pez rape de aguas profundas, con observación de fluorescencia verde en pequeñas zonas de la esca, según se detalla en First detection of biofluorescence in a deep-sea anglerfish.
Información en Infobae
Publicado por Iris Camila Beltran




