Convertir equipo viejo en esculturas y prometer multiplicar por 12 la producción genera más dudas que certezas en Monclova, mientras el postor enfrenta la obligación legal de demostrar solvencia con dinero en mano
Por: Roberto Ulíbarri
LA PRENSA
La salida del empresario José Arturo Domínguez Arteaga de la subasta de Altos Hornos de México (AHMSA) y Minera del Norte (Minosa), acompañado por representantes sindicales de los trabajadores acereros, se dio entre aplausos y porras que a coro gritaban: “¡Sí se pudo, sí se pudo!”. Al avanzar unos pasos, concedió una atropellada entrevista “banquetera” de apenas dos minutos; 120 segundos que hicieron soñar a miles de familias coahuilenses con recuperar el dinero y la estabilidad que daban por perdidos.
Sin embargo, a 48 horas del anuncio, resulta indispensable analizar fríamente las palabras del empresario michoacano y la posibilidad real de que cumpla sus compromisos.
«TODO FIRMADO»: LA PRIMERA INCONSISTENCIA
Su primera frase ante los micrófonos fue «todo firmado», lo que hacía suponer que la compraventa de AHMSA-Minosa se había consumado. Sin embargo, los hechos dictan algo distinto.
De acuerdo con el boletín oficial emitido tras la audiencia, se presentó una persona física —José Arturo Domínguez Arteaga, no una empresa formalmente representada— que exhibió una postura superior al 85% mínimo previsto en las bases del concurso mercantil, pero sin acreditar con documento alguno su solvencia ni la disponibilidad inmediata del dinero.
El comunicado puntualiza que, bajo el principio de buena fe procesal, la juzgadora otorgó un plazo de tres días hábiles —con vencimiento al 1 de octubre— para que las partes manifiesten lo que a su derecho convenga, y concedió 10 días hábiles para que el postor acredite el depósito de la garantía de seriedad por 56 millones de dólares.
En términos llanos: el postor presentó una oferta, pero no demostró solvencia ni cumplió en el acto con el requisito elemental de la fianza.
HORNOS COMO MUSEO Y CRECIMIENTO IRREAL
Al ser cuestionado sobre el plan de reactivación, Domínguez Arteaga afirmó: “Invertir en equipo nuevo. A los hornos viejos hay que hacerles unas esculturas. Solamente equipo nuevo para producir acero de calidad”.
Resulta paradójico que se oferten 1,400 millones de dólares (aproximadamente 24,500 millones de pesos) para adquirir una infraestructura industrial con la idea de convertirla en un museo.
Ante la pregunta de si trabajará con la plantilla laboral existente, respondió:
“Con los trabajadores y hasta más. Vamos a crecer los hornos 12 veces”.
La declaración dejó más dudas que certezas: no precisó si se refería a la capacidad instalada, al volumen de producción o al personal.
¿CAPITAL MUNDIAL DEL ACERO?
Al ser interrogado sobre si Monclova volverá a ser la fuente acerera por excelencia, prometió: “Claro, va a ser la capital del mundo, la capital del acero”.
Si bien Monclova posee vocación siderúrgica histórica, la realidad industrial ubica hoy a Nuevo León (con el 20% de la producción nacional) y a Michoacán a la cabeza del sector.
Sobre la identidad de la firma compradora y el monto final, el empresario ofreció versiones confusas: sostuvo haber dado «el doble de lo que querían«, aunque los 1,400 millones de dólares ofertados representan un 24.2% por encima del mínimo fijado (1,127 millones), lejos del 100% adicional sugerido en su discurso.
CUENTAS QUE NO CUADRAN EN EL CALENDARIO
Respecto a los plazos, aseguró que la planta estará operando «en seis meses».
Si se considera que el postor tiene 10 días hábiles para presentar la garantía de seriedad (lo que sitúa el primer filtro a mediados de octubre) y que a partir de ahí dispondría de hasta 90 días naturales para liquidar la totalidad de los 1,400 millones de dólares, el pago formal se concretaría a mediados de enero de 2027.
Esto consumiría más de la mitad del lapso de seis meses anunciado, dejando un margen impracticable de solo 90 días para el reencendido técnico de las plantas.
Concediendo el beneficio de la duda a todos los involucrados —desde la rigurosidad procesal de la Jueza y la labor de la sindicatura, hasta la legítima fe de los trabajadores que han resistido años de paralización—, la realidad es que el futuro de la empresa se mantiene en la incertidumbre.
Hasta hoy, los hechos fríos del Concurso Mercantil dicen mucho menos que los discursos triunfalistas, y el autoproclamado rescatista de Altos Hornos de México aún tiene en frente la obligación legal de demostrar, con dinero en mano y garantías sólidas, que su proyecto para la Región Centro es una realidad tangible y no un espejismo más.
Publicado por Iris Camila Beltran




