UNA DESPEDIDA MARCADA POR EL DOLOR
Familiares, amigos y vecinos acompañaron al joven hasta el panteón municipal de San Buenaventura; su familia enfrenta una pérdida irreparable y esperan que se esclarezca lo ocurrido
Por Iván Villarreal
La Prensa
SAN BUENAVENTURA, COAHUILA. – El dolor de una madre aferrada al féretro de su hijo, las lágrimas de una familia que nunca perdió la esperanza de encontrarlo y las preguntas que siguen sin respuesta marcaron la despedida de Abel Castillo, joven de 21 años cuya muerte dejó un profundo vacío entre sus seres queridos.
Entre muestras de cariño, abrazos y llanto, familiares, amigos, compañeros de estudios y vecinos acompañaron a Abel hasta su última morada. Después de ser velado en la capilla de Pensionados, su cuerpo fue trasladado al Panteón Municipal de San Buenaventura, donde alrededor de las 11:00 de la mañana recibió sepultura.
Pero mientras sus seres queridos intentaban asimilar su ausencia, la exigencia de justicia se hizo presente. Su padre, Fidel Castillo, pidió que la muerte de su hijo no quede impune y que las autoridades esclarezcan lo ocurrido, para que la familia pueda conocer la verdad.
Uno de los momentos más desgarradores de la despedida fue protagonizado por su madre, Lidia Peña, quien se aferraba al féretro entre lágrimas, enfrentando la ausencia de quien representaba uno de los amores más grandes de su vida.
ABEL ERA HIJO ÚNICO. Para su familia, su desaparición comenzó como una angustia que creció con cada llamada sin respuesta y cada lugar recorrido sin encontrarlo. La esperanza de verlo regresar a casa se mantuvo durante horas, hasta que la búsqueda terminó de la manera más dolorosa.
UNA SALIDA DE LA QUE NO REGRESÓ
La última comunicación de Abel con su madre ocurrió el lunes 5 de octubre, alrededor de las 8:30 de la mañana. A través de un mensaje de WhatsApp, le avisó que acudiría a la plaza del ejido 8 de Enero y que regresaría más tarde.
Sin embargo, las horas pasaron y el joven no volvió.
Al notar que no tenían noticias de él, sus familiares comenzaron a llamarlo e intentaron localizarlo en la plaza del ejido 8 de Enero. Su teléfono celular permanecía apagado y los mensajes que le enviaban no eran recibidos.
La preocupación pronto se convirtió en desesperación. Durante la noche, sus seres queridos recorrieron los ejidos 8 de Enero y La Cruz, aferrados a la posibilidad de encontrarlo con vida.
El martes, ante la falta de información sobre su paradero, acudieron al Hospital Amparo Pape, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y a la Fiscalía General del Estado. Al no encontrarlo, presentaron una denuncia por desaparición y continuaron con la búsqueda.
Cada hora sin noticias aumentaba la incertidumbre de una familia que solo quería saber dónde estaba Abel y qué le había ocurrido.
LA NOTICIA QUE CAMBIÓ TODO
La búsqueda tuvo el desenlace más doloroso cuando la familia recibió el aviso de que un cuerpo había sido localizado en un terreno baldío, en una brecha de San Buenaventura. Posteriormente, se confirmó que se trataba de Abel, quien fue encontrado sin vida durante esa semana.
Debido al estado en que se encontraba el cuerpo, su madre no pudo reconocerlo directamente. La identidad fue confirmada mediante una fotografía, en la que un lunar en la espalda permitió a la familia reconocerlo.
“Le enseñaron una foto y mi hermana reconoció el lunar que tenía en la espalda. Así confirmamos que era él”, relataron sus familiares al recordar uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
También recordaron que Abel había salido de casa con ropa sencilla: short, playera y chanclas. No llevaba su cartera, que permaneció en la vivienda; únicamente tenía consigo las llaves de su casa y su teléfono celular.
Esa imagen de una salida aparentemente cotidiana se ha convertido ahora en uno de los recuerdos que más duelen a sus seres queridos, quienes nunca imaginaron que no volverían a verlo regresar.
De acuerdo con los testimonios familiares, presuntamente era la primera vez que Abel se encontraba con Martín “N”, aunque las circunstancias de ese encuentro y lo sucedido después permanecen entre las interrogantes que la familia pide esclarecer.
EL DOLOR NO APAGA LA EXIGENCIA DE JUSTICIA
Hoy, la casa de Abel enfrenta el silencio que deja la ausencia de un hijo. Sus padres y demás familiares intentan encontrar fuerzas para sobrellevar una pérdida que llegó después de días de búsqueda, temor e incertidumbre.
En su despedida hubo lágrimas, recuerdos y muestras de cariño de quienes compartieron parte de su vida. También quedó una petición que sus seres queridos mantienen firme: que las investigaciones permitan conocer qué ocurrió y que se determinen las responsabilidades correspondientes.
Mientras la familia comienza a enfrentar el duelo, la esperanza de encontrar respuestas permanece. No hay palabras capaces de reparar la pérdida de un hijo ni de borrar las horas de angustia que vivieron al buscarlo, pero sus seres queridos confían en que las autoridades esclarezcan su muerte.
Abel Castillo fue despedido entre lágrimas y acompañado hasta su última morada. Su familia vuelve ahora a casa sin él, con el dolor de una ausencia irreparable y la exigencia de que su muerte no quede impune.
Publicado por Rocío Ledezma




