SUPERA TUMORES ETAPA 4 Y AHORA BRINDA APOYO

La valiente parrense explica como transformo el dolor en fe y en esperanza y comparte su testimonio de vida tras superar la enfermedad

Por: Roberto Ulíbarri

LA PRENSA

PARRAS, COAHUILA.- Una bolita que parecía grasa, cuatro meses de espera, un diagnóstico en etapa 4, ocho quimioterapias, una mastectomía, 28 radiaciones y un año y medio de tratamiento intravenoso. Siete años después, Carmen Escareño no cuenta su historia como una batalla ganada, sino como una vida que cambió «para bien» y que hoy dedica a acompañar a otras mujeres.

Carmen detectó una bolita debajo del seno en un chequeo, como los que tantas mujeres se hacen en los camiones de salud, y acudió al Seguro Social de Parras. El ginecólogo le dijo que era grasa. Ella, aliviada, la dejó pasar casi cuatro meses.

«Me había bloqueado en mi cabeza: es una bolita de grasa y me la van a quitar», recuerda. Pero la estructura no disminuyó; creció. Volvió a la clínica y esta vez la enviaron a la especialidad de Oncología en Torreón. La biopsia confirmó lo que nunca imaginó: eran dos tumores y la enfermedad ya estaba en etapa 4.

«Fue como una bomba», cuenta. «Lo primero que se te viene con la palabra cáncer es muerte». Ese día la acompañó su esposo.

UN TRATAMIENTO LARGO

Por lo avanzado del padecimiento no fue posible operar de inmediato. Primero vinieron ocho quimioterapias, a lo largo de ocho meses, para reducir los tumores. Después, la cirugía: le retiraron el seno izquierdo a través de una mastectomía total. Luego, 28 sesiones de radiación, de lunes a viernes, en Torreón.

Las recuerda como una prueba de resistencia. Salía de madrugada de Parras, esperaba el autobús y llegaba a la ciudad a las 8 de la mañana; el transporte de regreso salía hasta las 5 de la tarde. «Era un cansancio… yo le echaba la culpa al viaje». Hoy, comenta, ya existe un camión que regresa a las 2 de la tarde.

Mientras aún recibía quimioterapia, su oncóloga le informó de un medicamento de nueva generación y tramitó la solicitud para que fuera candidata. La respuesta llegó en 15 días y fue favorable.

Durante un año y medio recibió el tratamiento por vía intravenosa, cada 21 días, en Torreón. No era hormonal, explica, como el de muchas de sus compañeras.

Siete años después, el cuerpo todavía guarda memoria del proceso. «Amanezco y me duele la rodilla, el pie… Le pregunté a la doctora y me dijo: si no te daña una cosa, te daña otra, pero te cura lo que daña».

AUTOEXPLORACIÓN: LA MEJOR ALERTA

Carmen tiene hoy 59 años; fue diagnosticada a los 52, en 2019. Su lema es sencillo y directo: «Tócate para que no te toque».

Su mensaje para las mujeres es mantenerse atentas. La revisión puede hacerse en casa, durante el baño o frente al espejo, observando si el seno cambia de forma o de color, o si aparece un hundimiento. «Si algo cambia, ponte alerta, porque algo está pasando», advierte.

ESPÍRITU ROSA: ACOMPAÑAR ES ESTAR

Carmen forma parte activa del grupo Espíritu Rosa, que se reúne todos los jueves, de 10:00 a 12:00 horas, en las instalaciones del DIF Municipal de Parras. La agrupación ha crecido, dice, gracias a la difusión, y a él se acercan cada vez más mujeres.

A quienes acaban de recibir el diagnóstico no les ofrece frases hechas. «A veces no hay palabras. Simplemente darles aquel abrazo, decirles: aquí estoy y aquí voy a estar contigo». Dentro del grupo hay compañeras que siguen en quimioterapia o radiación, otras con la enfermedad muy avanzada y algunas que enfrentan una recaída. A todas las acompañan con lo que tienen a la mano: presencia y, a veces, un mensaje de buenos días. «Que se sientan amadas».

LO QUE ENSEÑA LA ENFERMEDAD

Para Carmen, el cáncer fue un parteaguas. «Cambió mi vida, dio un giro de 180 grados, pero para bien». Estaba muy distanciada de sus hermanos y la enfermedad la reunió de nuevo con ellos. También hubo quienes se alejaron: amistades, vecinos e incluso familiares. Y lo más duro, asegura, fue ver sufrir a sus hijos.

Tampoco acepta del todo el consejo más repetido entre la gente. «Les decían que le echara ganas. Yo les agradezco, pero esto no es de echarle ganas: si le echo ganas, no se va a acabar». Lo que sí cree que ayuda, insiste, es la compañía sincera.

«Aquí estoy», concluye, «todavía para ellas».

Publicado por Rocío Ledezma