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viernes 26 de junio de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

Militarización y democracia

Sigo sosteniendo que lo peor de este sexenio, lo más preocupante, ha sido la militarización de varios asuntos públicos que deberían corresponder exclusivamente a los civiles. Ya conocemos la larga lista de cosas que el presidente López Obrador le ha encargado a los militares. Ahora, en otra vuelta más a la tuerca, pretende establecer una nueva empresa castrense para evitar que gobiernos futuros puedan dar marcha atrás a sus decisiones.
En una democracia, la gente vota para, precisamente, cambiar las decisiones de los gobiernos pasados. Ésa es la idea. Que la derecha pueda llegar el poder para corregir los errores de la izquierda y viceversa. Pero AMLO tiene una perspectiva diferente. Pretende asegurar que sus determinaciones no las pueda modificar nadie, y qué mejor solución que dejárselas a los militares para que los gobiernos futuros no puedan tocarlas porque eso significaría afectar los intereses nada menos que de un grupo armado hasta los dientes. El Presidente demuestra, así, que no cree en la democracia. Su militarismo es profundamente antidemocrático.
Él lo llama “blindar estos proyectos” porque “si regresan los neoliberales corruptos van a querer privatizar lo que no pudieron o no les alcanzó el tiempo de entregar”. ¿Acaso no se vale que la ciudadanía vote a favor de neoliberales no corruptos con una agenda privatizadora?
Claro que sí. Pero, como el Presidente piensa que el electorado es tonto, mejor entregarles a los militares sus proyectos estrella para que nadie los pueda tocar en el futuro. ¿Cuáles? Nada menos que el Tren Maya, el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles, los aeropuertos de Palenque, Chetumal y Tulum. Todas estas obras no sólo las construirá el Ejército, sino que las administrará la Secretaría de la Defensa Nacional por medio de una empresa que operarán los soldados.
Además, el complejo del Istmo de Tehuantepec, los ramales de Palenque a Coatzacoalcos, de Coatzacoalcos a Salina Cruz, de Ixtepec a Tapachula y los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz “van a quedar en custodia de la Secretaría de Marina”.
Soldados y marinos empresarios.
El Presidente piensa que estos proyectos generarán utilidades. El 75% se utilizará “para el pago de pensiones de las Fuerzas Armadas y 25% para el pago de pensiones de los trabajadores al servicio del Estado”. Y si no generan utilidades, ¿qué pasará? Pues que los militares tendrán que pedir dinero al erario para cubrir las pérdidas.
AMLO, sin embargo, está convencido de que los militares garantizarán una “buena administración”. Yo, sinceramente, lo dudo, porque los soldados y los marinos están entrenados para hacer la guerra, no para gestionar negocios. De hecho, todos los ejércitos del mundo, hasta los más exitosos como el estadunidense, están llenos de ineficiencias costosísimas que suelen taparse por motivos de seguridad nacional.
El Presidente está cometiendo una imprudencia enorme al convertir a los militares en empresarios. Como es de esperarse, en el futuro defenderán sus intereses y no los de la nación. No querrán perder sus nuevos privilegios y, para tal efecto, utilizarán, por qué no, las armas. Esto, efectivamente, limitará las opciones de los gobiernos democráticamente electos en el futuro. Todo para garantizar “que no se privaticen estas obras”.
Donde se ha probado la fórmula de darles participación económica a los militares han acabado en el derrocamiento de los gobiernos democráticos y el establecimiento de dictaduras militares. Es el caso, por ejemplo, de Egipto y Paquistán. ¿Acaso queremos algo similar?
No, las Fuerzas Armadas no están para administrar aeropuertos, trenes o puertos. Su papel es defender a la ciudadanía de enemigos que amenazan la seguridad nacional. Al darles ese encargo, el Presidente las está politizando a favor de su proyecto estatista. Está haciendo partícipes a los militares de grandes rentas económicas para que las defiendan con su poder, que es el de las armas. Efectivamente, está “blindando” sus grandes proyectos para que no se cierren o privaticen en el futuro, aunque la ciudadanía vote a favor de un partido que así lo proponga. Qué bueno que a José López Portillo no se le ocurrió lo mismo cuando estatizó los bancos porque hoy tendríamos instituciones financieras administradas por militares. ¿Se imagina dónde estaría hoy México con esa “magnífica” idea?

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