El 2 de febrero, las familias levantaron al Niño del pesebre y lo presentaron en el templo, en una tradición llena de gratitud
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
En Parras, la Navidad no termina con el último villancico ni con el retiro del árbol. Entre rezos y aromas de tamales humeantes, las familias que montaron su pesebre en diciembre extienden la celebración hasta el 2 de febrero, cuando con devoción y alegría, visten al Niño Jesús con ropas especiales y lo presentan ante el templo, como lo hicieron sus padres. en Belén.
La Fiesta de la Candelaria es un encuentro de fe y tradición. Durante la noche, los hogares se llenan de oraciones al Santo Rosario y mesas repletas de platillos típicos: tamales de pollo, puerco, frijoles, queso y azúcar, acompañados de café o champurrado.
Algunas familias prefieren variar el menú, sirviendo pozole, asado o sopas tradicionales. Esta cena es ofrecida a los padrinos del Niño Jesús ya los invitados, quienes comparten el pan y la gratitud.
Al término del Santo Rosario, los padrinos entregan a los asistentes un bolo, una pequeña ofrenda compuesta por dulces, naranjas, cacahuates y galletas, símbolo de bendición y generosidad.
Este año, durante las misas celebradas en distintas iglesias de Parras, los sacerdotes recordaron el significado profundo de esta tradición. Se explicó que «levantar al Niño del pesebre» es un acto de amor y fe, un gesto que nos invita a ser niños de nuevo, con la humildad, sencillez y alegría de quien confía plenamente en la vida.
La Fiesta de la Candelaria se celebra cada 2 de febrero, 40 días después de la Navidad. En México, esta fecha está impregnada de devoción popular y amor por la imagen del Niño Dios, quien, en este día, es bendecido en los templos como símbolo de luz y esperanza.