El túnel La Sabina y sus paisajes serranos impulsan experiencias únicas que conectan historia minera, naturaleza y exploración dentro del Geoparque de Coahuila
Karla Cortez
LA PRENSA
MÚZQUIZ, COAHUILA.— Entre imponentes paisajes serranos y caminos que narran siglos de historia minera, el túnel a la mina La Sabina se ha consolidado como uno de los grandes atractivos del turismo de aventura en el norte de México. Ubicado sobre la carretera Múzquiz–San Miguel de Ocampo, este paso de 850 metros de longitud se ha transformado en un geositio imprescindible del Geoparque de Coahuila, atrayendo a viajeros y amantes de la naturaleza que buscan experiencias auténticas.
Aunque muchas personas lo identifican erróneamente como una mina de carbón, el sitio fue construido con fines totalmente funcionales: facilitar el acceso a la antigua mina La Sabina y a ranchos en los alrededores. Su diseño atraviesa la sierra y forma parte del legado de infraestructura minera que permitió el desarrollo y conectividad de toda esta región.
Hoy en día, el túnel mantiene su vocación como vía de comunicación, pero ha sumado un papel protagónico como atractivo turístico. La cercanía con la Cuesta de Malena convierte el recorrido en un espectáculo visual donde la montaña se impone y revela panorámicas únicas. Fotografías en su interior y en los miradores improvisados alrededor del túnel circulan constantemente en redes sociales, alimentando la curiosidad de más visitantes que desean explorar los secretos de Múzquiz.
Este municipio, reconocido como Pueblo Mágico y uno de los territorios con mayor riqueza geológica del país, impulsa el turismo de aventura como motor de desarrollo, integrando rutas donde el patrimonio histórico y la belleza natural conviven de manera orgánica. El túnel La Sabina es una de esas huellas del pasado que se ha revitalizado al formar parte de la oferta cultural y turística que distingue al municipio.
Además del valor arquitectónico del paso subterráneo, su importancia radica en el simbolismo que representa: un puente entre épocas, entre el auge minero y el presente que apuesta por el aprovechamiento responsable del territorio. Para los habitantes de Múzquiz, promover este punto como destino es una forma de compartir su identidad con el mundo y mostrar cómo la historia puede convertirse también en aventura.
Cada visitante que cruza La Sabina no solo recorre un túnel; atraviesa fragmentos de un legado que continúa vivo en la memoria de quienes han trabajado la tierra y la montaña. Múzquiz reafirma así que su riqueza no únicamente está bajo el suelo, sino también en la experiencia que ofrece a quienes deciden descubrirlo.