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miércoles 6 de mayo de 2026

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Uso de Razón

Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Vacunar, vacunar, vacunar

MIAMI, Flo-rida.- En una frenética carrera contra el tiempo, el gobierno está a un paso de lograr la vacunación de un millón y medio de personas diariamente. Así y todo, la victoria contra el Covid no está asegurada.
Los contagios en Estados Unidos han bajado 35 por ciento en 14 días.
En el último mes de gobierno de un irresponsable como Trump, los contagios rondaban los 200 mil nuevos casos diarios, y ahora son 92 mil. Las muertes, en dos semanas, disminuyeron 20 por ciento.
¿Ya ganó Estados Unidos? No. Los científicos advierten que el descenso puede ser la calma previa a una nueva tormenta, a raíz de las mutaciones del virus.
La única escapatoria (además de lo obvio: mascarillas) a un cataclismo mortal es vacunar, vacunar y vacunar.
Así lo entiende el presidente Biden, que ha escuchado a los científicos y comprende a cabalidad la principal función de un gobernante y la razón de ser del Estado: proteger la vida de los ciudadanos.
Se trata de una carrera contra el tiempo. Sin eufemismos ni exageraciones, es una carrera de vida o muerte.
Ya está aquí una nueva variante del virus, el B.1.1.7, detectada primero en Gran Bretaña, que es mucho más contagioso que el Covid como lo conocemos. Se duplica cada 10 días.
Los científicos de la salud afirman que a fines de marzo la cepa predominante en Estados Unidos será esta nueva. Y si no es frenada, la mortandad se va a disparar nuevamente y a un ritmo desconocido hasta ahora.
Por cierto, esa variante del virus llegará –o ya está– al resto de América, y el pronóstico de mortandad es severo en países que no compraron a tiempo vacunas, e incluso el oxígeno para los enfermos hay que comprarlo en el mercado negro.
El gobierno de Biden y sus asesores médicos consideran que es urgente vacunar, vacunar y vacunar para frenar el Covid y atenuar el nuevo golpe. Que la mayor cantidad de población esté protegida.
No es fácil, debido al desastre en que Donald Trump dejó al sistema de salud.
Aun así, 35 millones han recibido al menos una de las dos dosis y la próxima semana comienzan a vacunar en las clínicas financiadas por el Estado en 250 zonas desatendidas.
Sólo los países que logren frenar el Covid podrán salvarse de las nuevas variantes del virus. Y esa lucha aquí está en marcha a través de una titánica labor de vacunación y la obligatoriedad de la mascarilla.
(Una obligación moral, porque a nadie van a meter a la cárcel por no usarla. El presidente se vacunó en público para alentar a la población, y pone el ejemplo al usar cubrebocas aunque ya esté inmune).
Lo dice con claridad el decano de la Escuela de Salud Pública de la muy prestigiada Universidad de Brown, Ashid K. Jha: “donde los brotes están contenidos, hay pocas probabilidades de mutaciones”.
Obviamente, hay que contener el Covid, con vacunas, para evitar el azote de las mutaciones. Y esa mutación ya está aquí, en Estados Unidos.
Sostiene el doctor Jha, en un artículo publicado en The Washington Post, que la variante del virus “se ha extendido en países que han coqueteado con la estrategia de una inmunidad colectiva natural, como Gran Bretaña, Brasil e incluso Estados Unidos”.
Puede darse el caso, advierte el decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Brown, que “una mutación haga inútiles las vacunas actuales, por eso hay que actuar con rapidez”.
¿Qué hacer? “Esto requiere expandir el muestreo genómico para comprender mejor la dinámica de la infección, aumentar las pruebas, mejorar la calidad de las mascarillas que usan las personas, continuar con la distancia social y, lo más importante, vacunar a los estadounidenses lo más rápido posible”.
Estados Unidos se quitó de encima a un populista y demagogo demasiado tarde. En unas semanas llegará a medio millón de muertos. Pero recupera terreno.
Hay un gobierno sensato cuyo presidente tiene la cabeza en su lugar.
Apuesta por la ciencia y cumple la regla uno del Estado: proteger la vida de sus ciudadanos. Para ello, vacuna, vacuna, vacuna.
Vacunarse no es un privilegio ni un lujo. Es un derecho humano elemental: vivir.
Si son caras las vacunas, el gobierno se endeuda o toma recursos de otras partidas. La vida es primero. Y sí hay cómo protegerla.
La ciencia ha avanzado y la humanidad no está tan desprotegida como en la gran peste del siglo XIV, en la que sólo se podía rezar.
Claro, era la etapa más obscura del medioevo. Ahora hay vacunas. Y Biden, además de rezar, las emplea a una velocidad frenética para salvar a sus gobernados.

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