Asaltos y hasta fenómenos meteorológicos ponen en riesgo su trabajo
Por María Rodríguez
LA PRENSA
NUEVA ROSITA, COAHUILA.- El temor a la delincuencia se ha convertido en un obstáculo constante para comerciantes de Nueva Rosita que dependen de viajes a Monterrey para surtir sus negocios. Lo que antes era una rutina comercial hoy se ha transformado en una travesía marcada por la incertidumbre, la precaución extrema y, en algunos casos, experiencias traumáticas.
Amada Hernández, comerciante de la región, relata que cada viaje hacia la llamada “Sultana del Norte” implica exponerse a un riesgo creciente debido a la inseguridad en la capital de Nuevo León. La mujer recuerda que en una ocasión fue víctima de un asalto mientras realizaba compras para su negocio, una experiencia que asegura marcó profundamente su vida al encontrarse sola y lejos de su hogar, sin posibilidad inmediata de recibir ayuda.
Ante este panorama, los comerciantes de la región han tenido que modificar por completo sus estrategias de traslado. Muchos optan por viajar en caravanas y salir por carretera durante las primeras horas del día, evitando circular por la noche ante los reportes de individuos encapuchados que operan en algunos tramos carreteros.
Las precauciones también se extienden a las zonas comerciales. Los comerciantes prefieren caminar en grupo, mantenerse en comunicación constante a través de teléfonos celulares y permanecer atentos a cualquier comportamiento sospechoso. “Cuando vemos algo extraño preferimos retirarnos y acercarnos a policías o lugares vigilados por cámaras”, explicó la entrevistada.
Sin embargo, la inseguridad no es el único desafío que enfrentan quienes dependen de estos viajes para mantener sus negocios abastecidos. Las condiciones climáticas también han puesto en aprietos a los comerciantes.
Amada Hernández relató que recientemente, durante un viaje de regreso en un camión comercial, una fuerte tormenta sorprendió a los pasajeros cuando circulaban cerca de Monclova. La intensidad del viento y la lluvia obligó al conductor a detener la unidad a un costado de la carretera para evitar un accidente.
Los minutos de espera, recordó, fueron angustiantes. Las ráfagas sacudían el vehículo con fuerza y los pasajeros temían lo peor. Afortunadamente, la tormenta pasó rápidamente y el trayecto pudo continuar sin mayores incidentes.
A pesar de los riesgos, los comerciantes continúan realizando estos viajes porque dependen de ellos para mantener activos sus negocios. No obstante, coinciden en que cada salida se ha convertido en una prueba de nervios, donde la inseguridad y los imprevistos del camino son parte de una realidad que enfrentan para sostener su fuente de ingresos.