“¿Qué nos van a quitar?”, cuestionan pescadores y familias
Desde las primeras horas de este jueves 26 de marzo, se inició con la medida por parte del Gobierno Federal
María Rodríguez
LA PRENSA
JUAREZ, COAHUILA.- Lo que durante años fue sustento, historia y vida para decenas de familias, hoy comienza a transformarse en incertidumbre. Desde las primeras horas de este jueves 26 de marzo, la tranquilidad de la presa Presa Venustiano Carranza se vio interrumpida por un sonido inusual: el agua en movimiento, pero no por lluvias, sino por un trasvase que amenaza con agravar una crisis ya existente.
La información fue confirmada por el ex alcalde y activista social Sergio Kobel Romanía, se habla de la extracción de hasta 10 millones de metros cúbicos de agua de un embalse que, lejos de estar en condiciones óptimas, enfrenta una de sus etapas más críticas. Aunque cifras oficiales sitúan su capacidad entre un 18% y 25%, habitantes advierten que estos números no reflejan la realidad: el azolve acumulado tras más de cinco años de sequía reduce considerablemente el volumen útil.
En la comunidad de Don Martín, donde la presa no solo es un recurso sino una forma de vida, la preocupación ha escalado rápidamente. Pescadores, aniegueros y familias enteras que dependen de la actividad pesquera observan con impotencia cómo el nivel del agua desciende aún más.
“¿Qué nos van a quitar?”, cuestionan con desesperación. Y no es solo una pregunta: es el reflejo de una economía que se tambalea. Cada jornada con menos agua significa menos pesca, menos ingresos y más incertidumbre.
El trasfondo de esta decisión rebasa lo local. El trasvase responde a compromisos internacionales establecidos en el histórico Tratado de Aguas de 1944, un acuerdo que obliga a México a cumplir con entregas de agua, incluso cuando las condiciones internas son adversas.
Aunque autoridades municipales de Anáhuac, Coahuila ya habían anticipado el inicio de esta maniobra, el anuncio no logró mitigar el impacto emocional que hoy se vive en la región. La sensación es clara: decisiones tomadas lejos de la comunidad están afectando directamente su supervivencia.
Hoy, la presa luce contenida, desgastada, como si también resintiera el peso de una sequía prolongada y de obligaciones que no consideran su estado actual. Lo que está en juego no es solo agua: es la estabilidad de una comunidad que ha resistido por años, pero que ahora enfrenta uno de sus momentos más críticos.