Incrementos superan hasta el 100% en los precios
Verdura, alimentos procesados y carnes encarecen notablemente, en mercados y tiendas de autoservicio
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
El incremento al precio del diésel se ha visto reflejado en el costo de productos de la canasta básica, con aumentos-en algunos casos-que superan el 100 por ciento, afectando directamente la economía de las familias.
Consumidores que aprovechaban el martes de frutas y verduras y el pago de quincena para hacer su despensa coinciden en que el alza de combustibles ha elevado los costos de transporte lo que se refleja en precios más altos en mercados y tiendas.
Entre los productos con mayores incrementos destacaron el tomate, que pasó de 22 a 46.90 y 52 pesos por kilo. El chile y en el caso del aguacate, actualmente ronda los 52 pesos, aunque previamente ya había alcanzado precios superiores a los 100 pesos.
El aumento también alcanza productos procesados. El jamón tipo York, que anteriormente se encontraba entre 104 y 110 pesos, actualmente llega hasta los 189 pesos, casi el doble de su costo previo.
“El chorizo ya está en 90 pesos el medio kilo, cuando antes era mucho más accesible”, señalan consumidores, quienes aseguran que productos que formaban parte habitual de su dieta ahora se han vuelto difíciles de adquirir.
Las carnes rojas no quedaron fuera de la tendencia. La carne molida, uno de los productos más consumidos, te venden 300 gramos por 60 pesos y otros cortes como el bistec o el “güisillo” también han incrementado su precio,
Esto ha obligado a las familias a comprar menos cantidad y complementar sus platillos con ingredientes más económicos.
Incluso refieren que los artículos de higiene personal han registrado incrementos. Un shampoo pequeño que antes costaba 27 pesos ahora se vende hasta en 47 pesos, evidenciando que el impacto no se limita únicamente a los alimentos.
De acuerdo con testimonios, los aumentos se han presentado en periodos muy cortos. “Todo subió de una semana a otra, está carísimo”, comentan consumidores, quienes atribuyen esta situación al encarecimiento del combustible y, en consecuencia, de los fletes.
Ante este panorama, las familias optaron por modificar sus hábitos de compra, buscando alternativas más económicas o reduciendo la cantidad de productos adquiridos.
Sin embargo, señalan que incluso en establecimientos considerados más baratos los precios continúan en aumento y la calidad no siempre es la esperada.