Una clara explicación, de cómo 23 ejemplares, iniciaron un modelo de restauración ecológica, manejo y conservación durante más de dos décadas ha permitido que se expandan a casi 500 en Coahuila y Chihuahua
Por: Brenda Yáñez
La Prensa/Expansión
En el norte de México, la recuperación del bisonte americano se ha consolidado como una de las iniciativas de restauración ecológica más relevantes del país, con la Reserva de la Biosfera Janos, en Chihuahua, como punto de partida y ahora con la participación de proyectos complementarios como el que encabeza la Fundación Pro CuatroCiénegas, en la Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre “El Santuario”, en Coahuila.
En 2009, una manada de 23 ejemplares marcó el inicio de este proceso que arrancó en el Rancho El Uno y que, casi dos décadas después, ha permitido consolidar una población cercana a los 500 individuos y sentar las bases para su expansión hacia otros estados, integrando conservación, manejo del territorio y desarrollo sostenible.
Para Manuel Alejandro Quintana Chávez, director de la reserva de la Biósfera Janos, el éxito de este proyecto no se mide únicamente en el aumento del número de ejemplares, sino en el impacto ambiental que esta repoblación tiene.
UN INGENIERO DEL PAISAJE
Quintana insiste en que el éxito de la reserva Janos y el repoblamiento con el bisonte en el norte del país no radica únicamente en la reproducción de la especie, sino en los cambios observados en el entorno, donde esta especie en peligro de extinción cumple funciones ecológicas que difícilmente pueden ser sustituidas por otras especies.
El pastoreo del bisonte explica, estimula el rebrote de pastos nativos y controla la expansión de arbustos, favoreciendo la permanencia de praderas abiertas. Al desplazarse, remueve el suelo, mejora la infiltración de agua y dispersa semillas, lo que contribuye a la regeneración de áreas degradadas.
“Su desplazamiento en manada remueve el suelo, mejora la infiltración de agua y distribuye semillas y nutrientes. Todo esto contribuye a la regeneración natural del ecosistema y a la recuperación de áreas degradadas”, agrega Manuel Alejandro Quintana Chávez, director de la reserva de la Biosfera Janos.
El éxito en Janos permitió replicar el modelo en otras regiones y desde 2019, distintas manadas han sido trasladadas a reservas en Coahuila y Sonora.
Quintana explica además que actualmente se exploran nuevos sitios potenciales en el norte del país que puedan ser repoblados por esta especie, aunque advierte, se trata de procesos de largo plazo y es que a pesar de los avances en este proyecto, los desafíos continúan y el financiamiento es uno de los principales obstáculos.
“El financiamiento es uno de los principales desafíos. La conservación exige recursos constantes y su gestión siempre es compleja”, afirma.
“Son animales que requieren grandes extensiones y movilidad, pero esos espacios cada vez son más limitados por la expansión agrícola y la infraestructura”, dice.
Por ello resalta la importancia de la reserva: “Janos es uno de los últimos sitios capaces de sostener poblaciones de este tipo. Por eso su conservación es estratégica”.
Queremos pastizales saludables y funcionales, con poblaciones de bisonte bien establecidas a escala regional. Pero también buscamos que estos paisajes demuestren que la conservación puede convivir con actividades productivas sustentables”.
DE CHIHUAHUA A CUATRO CIÉNEGAS
El modelo desarrollado en Janos ha permitido dar un siguiente paso: la expansión hacia otros territorios con condiciones adecuadas. Uno de los casos más relevantes es Cuatro Ciénegas, en Coahuila, donde apenas en diciembre de 2025 se estableció una nueva manada dentro de una reserva privada de más de 3,700 hectáreas.
En diciembre de 2025, en un hecho histórico, la Fundación Pro Cuatrociénegas, en colaboración con SEMARNAT y aliados, reintrodujo 44 bisontes americanos en la reserva “El Santuario” en Cuatro Ciénegas, Coahuila, tras más de 200 años de ausencia.
En este sitio, considerado uno de los ecosistemas más singulares del planeta por su origen marino ancestral y su alta concentración de especies endémicas, el bisonte se ha integrado a una estrategia más amplia de restauración.
De acuerdo con Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación Pro Cuatro Ciénegas , se busca que la reintegración del bisonte no se limite a la repoblación, pues incluye también un trabajo por la recuperación de humedales, la regeneración de suelos mediante prácticas agroecológicas y la promoción de modelos productivos sostenibles. El objetivo es construir un sistema donde la conservación y desarrollo local no sean opuestos, sino complementarios.
REWILDING Y MEMORIA CULTURAL
Ruiz explica que el regreso del bisonte también implica recuperar procesos ecológicos perdidos. Este enfoque, dice, es conocido como rewilding, el cual busca restaurar ecosistemas mediante la reincorporación de especies clave que reactivan ciclos naturales y es que en el caso del bisonte, la especie es también un agente activo de transformación del paisaje.
“Se le considera que el bisonte es como un ingeniero del paisaje, porque lo va moldeando, lo va mejorando y lo va restaurando”, explica.
Pero en el norte de México, el bisonte no solo es relevante desde el punto de vista ecológico. También posee una dimensión cultural profunda y es que durante miles de años, fue central para comunidades indígenas, que dependían de él para su alimentación, vestimenta y herramientas.
No se trata solamente de traer una especie de regreso, sino queremos traer también la especie con toda la riqueza y toda la relación ancestral que ha tenido con el humano”.
Esta perspectiva ha llevado a establecer vínculos entre la fundación con comunidades originarias, integrando prácticas tradicionales y una ética de aprovechamiento basada en el respeto. Incluso se plantea un uso sostenible del bisonte —incluido su consumo— bajo esquemas regulados.
Sobre este punto, el director aclara: “No se mata nomás así por matar, sino que se hace con un agradecimiento, con un ritual, con un canto, con una ofrenda y con mucho respeto”.
Pero al igual que Quintana, Ruiz insiste en que este proyecto de conservación mantiene desafíos significativos y el financiamiento continúa siendo un limitante estructural para proyectos de conservación de largo plazo.
“La gente luego empieza a decir que cómo están matando el bisonte, sin entender que es parte clave de que estos proyectos se puedan manejar de forma ecológicamente viable”, asegura.
El caso de Janos demuestra que la recuperación del bisonte en México es viable y es que en menos de 20 años, el país ha pasado de la extinción local de la especie a la formación de múltiples manadas en expansión.