La especialista Rosa Elisa Rodríguez advirtió que el fenómeno se convirtió en una de las mayores crisis ambientales
El sargazo alcanzó en 2026 niveles sin precedentes en el Caribe mexicano: alrededor de 90 mil 538 toneladas diarias han recorrido la zona, más del doble del promedio histórico, y cerca de 10% recala en las costas de Quintana Roo, con impactos que ya alcanzan playas, arrecifes, manglares, turismo y salud pública, de acuerdo con autoridades y especialistas.
En los periodos de mayor presencia, hasta 9 mil 54 toneladas diarias llegan a las costas de Quintana Roo, frente a las 4 mil toneladas de un periodo promedio y las 2 mil 640 cuando la presencia es baja. La secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Isabel Adriana Bárcena Ibarra, afirmó que este año la cantidad fue cuatro veces mayor que en 2025 y 27 veces superior al promedio histórico.
Rosa Elisa Rodríguez Martínez, integrante de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, advirtió que el fenómeno se convirtió en una de las mayores crisis ambientales que ha enfrentado la región, con consecuencias ecológicas, económicas, sociales y de salud.
El sargazo, explicó, comenzó a proliferar de manera extraordinaria en 2011 y, desde 2014, su presencia se extendió por el Caribe, el Golfo de México y las costas de diversos países de América y África. Esta nueva zona de acumulación dio origen al llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, que se extiende desde África occidental hasta el Golfo de México.
Los datos más recientes de la Secretaría de Marina muestran que el fenómeno se mantiene elevado. Hasta el 6 de agosto se contabilizaron 18 mil 229 toneladas de sargazo en el Caribe mexicano, mientras que en el Atlántico Central Occidental se registraron 168 mil 427 toneladas.
La especialista señaló que la formación y crecimiento del Gran Cinturón de Sargazo está relacionada con cambios en los patrones de viento y circulación oceánica, así como con una mayor disponibilidad de nutrientes, principalmente nitratos y fosfatos, en el Atlántico tropical.
De acuerdo con observaciones satelitales del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, la biomasa de sargazo en el Atlántico pasó de 63 millones de toneladas en 2018 a 214 millones en 2025, lo que refleja una tendencia de crecimiento sostenido.
Aunque la biomasa total del Atlántico durante 2026 fue similar a la de 2025 entre abril y julio, en el Caribe occidental aumentó considerablemente. En abril pasó de aproximadamente un millón de toneladas en 2025 a cuatro millones en 2026; en junio, el incremento fue de 2.4 millones a 3.6 millones de toneladas.
Para Rodríguez Martínez, este aumento explica buena parte de los arribazones registrados este año en el Caribe mexicano. Debido a la rapidez con que el sargazo se reproduce, anticipó que su presencia podría continuar aumentando.
Sargazo golpea al turismo y ecosistemas
Los efectos ya alcanzan a la actividad turística. En Tulum, las estrategias para contener el sargazo no han sido suficientes y algunos hoteles han cerrado o analizan operar únicamente durante algunos meses del año. En Playa del Carmen también se han reportado cierres de hoteles y una reducción en restaurantes y comercios debido a la disminución de visitantes.
El impacto ambiental también se ha hecho evidente. La especialista señaló que recientemente se reportó la muerte de miles de peces en una zona de Puerto Morelos, debido a la disminución de oxígeno provocada por la descomposición de grandes cantidades de sargazo.
La acumulación también afecta pastos marinos, tortugas, bahías, manglares y playas.
La salud de habitantes y trabajadores que retiran el sargazo también está en riesgo. Durante su descomposición, el alga libera gases tóxicos que pueden alcanzar zonas habitadas y provocar dolor de cabeza, irritación de ojos, nariz y garganta, náuseas y mareos.
Rodríguez Martínez añadió que el sargazo contiene contaminantes como arsénico, cadmio y plomo, que pueden incorporarse a las aguas costeras y a las cadenas alimenticias.
El fenómeno incluso ha alterado la vida cotidiana de comunidades costeras. En sitios como Punta Allen y María Elena, dentro de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, habitantes han dejado de acudir a las playas como parte de sus actividades recreativas debido a la presencia masiva del alga.
Publicado por Lizz Morales




