Armando Bárcenas, trabajador de mantenimiento de 65 años, enfrentó al joven de entonces 19 años pese a que le clavó una guadaña en el cráneo pero así impidió más muert3s

Se cumplió un año del ataque del estudiante Lex Ashton, de 19 años, en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Sur (CCH Sur) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el que as3sinó a Jesús Israel Hernández Chávez, de 16 años, sin embargo un trabajador de mantenimiento lo enfrentó pese a que también lo hirió en el cráneo.

Armando Bárcena,de 65 años, recibió 30 puntadas en el cráneo después de que Lex lo hirió con una guadaña al enfretarlo para evitar que siguiera atacando a sus compañeros el 22 de septiembre de 2025. Al cumplirse un año del ataque, ocurrido en la Ciudad de México, el técnico de mantenimiento dijo que las secuelas físicas y emocionales persisten, mientras el proceso penal contra el joven sigue sin sentencia.

Bárcena afirmó que varias personas lo llamaron héroe porque consideraban que su intervención evitó más víctimas. “Varios me dicen que soy un héroe, que al haber enfrentado al muchacho evité más muertes porque la guadaña se quedó incrustada en mi cabeza; incluso el mismo Lex dijo en sus declaraciones ante la fiscalía que iba por siete”.

El trabajador tiene 33 años de antigüedad en la UNAM y ha laborado 29 de ellos en el plantel ubicado al sur de la Ciudad de México. Dijo que nunca imaginó enfrentar una agresión de esa naturaleza después de convivir durante más de tres décadas con alumnos de entre 15 y 18 años.

El ataque dejó fuera de las instalaciones a 12 mil jóvenes durante un semestre completo. Bárcena agradeció seguir con vida, aunque señaló que la herida en su cabeza y el recuerdo de aquel día modificaron su manera de relacionarse con algunos estudiantes.

La herida en la cabeza dejó dolores y punzadas un año después

La guadaña penetró cinco centímetros en el cráneo de Bárcena, quien recordó que no perdió el conocimiento tras la agresión. Lo que más lo afectó en ese momento fue el líquido rojo que el atacante le habría rociado en el rostro, pues le impidió ver y le causó ardor en los ojos durante casi 24 horas.

A un año de los hechos, el trabajador todavía padecía dolores de cabeza intensos y punzadas en la zona lesionada. La cicatriz física permanecía oculta entre su cabello, pero él identificó otra herida: la pérdida de valores y la falta de respeto que observaba entre algunos alumnos.

Bárcena consideró que algunos jóvenes amenazaban a maestros y empleados debido a que, posiblemente, sus padres los habían descuidado o no atendían sus necesidades. Recordó haber visto recientemente a un alumno que le gritó a un profesor, aunque decidió no intervenir porque el episodio le recordó la agresión que sufrió.

“Dijeron que me iban a ayudar pero no ha pasado, tenbgo fuertes dolores de cabeza. Quisiera no recordar todo esto que pasó ahí en el plantel porque sí es muy fuerte”, relató a La Jornada y a Imagen TV. Añadió que esos incidentes le resultaban frustrantes y que los recuerdos le habían dejado traumas, por lo que deseaba jubilarse.

Armando Bárcena pidió una resolución por la agresión

El técnico en mantenimiento señaló que había acudido a rendir declaración en distintas ocasiones, aunque hasta entonces no existía una resolución definitiva contra Lex Ashton, de 20 años. Bárcena lamentó que el tiempo transcurriera sin sentencia pese a las pruebas incorporadas al expediente.

También indicó que le ofrecieron una indemnización, pero no recibió dinero porque no llenó los formatos requeridos para solicitarla. Explicó que no consideró adecuado iniciar ese trámite después de lo ocurrido en el plantel.

Durante las audiencias, Bárcena vio al acusado y lo percibió “triste, inseguro y muy bajoneado”. Aun así, sostuvo que debía haber justicia porque, según su versión, el joven intentó mat4rlo y as3sinó a otro estudiante.

Lex Ashton permanecía recluido en el Reclusorio Oriente, luego de que un juez rechazó una solicitud de la defensa para trasladarlo a una institución especializada en salud mental. La Fiscalía capitalina se había opuesto a modificar la medida cautelar y el proceso penal seguía abierto.

La defensa alegó falta de atención psiquiátrica y médica en prisión

David Retes, abogado de Lex Ashton, sostuvo que su cliente no había recibido atención psiquiátrica ni médica adecuada durante su estancia en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente. Según la defensa, las autoridades penitenciarias respondieron formalmente que el joven recibiría el tratamiento necesario, pero éste no se habría concretado.

Retes afirmó que el acusado requería seguimiento especializado por antecedentes de salud mental. La defensa aseguró que, antes de los hechos registrados en septiembre de 2025, Lex Ashton ya había recibido atención psicológica y psiquiátrica.

La estrategia jurídica buscaba incorporar esos antecedentes al proceso penal mediante testimonios y documentos de especialistas que lo atendieron previamente. Los abogados pretendían sostener que el joven atravesaba un episodio psicótico cuando ocurrió el ataque, un argumento que debía ser valorado por el juez junto con los peritajes y las pruebas presentadas por la Fiscalía.

La defensa también señaló que Lex Ashton padecía litiasis renal bilateral desde los 11 años, una condición que presuntamente le provocaba episodios de dolor intenso. Retes denunció que dentro del centro penitenciario no se le practicaron todos los estudios médicos que consideraba necesarios para definir el tratamiento correspondiente.

Además, el abogado afirmó que su cliente fue diagnosticado con trastorno depresivo persistente, también conocido como distimia, durante evaluaciones realizadas después de los hechos. La defensa solicitó que esa condición fuera tomada en cuenta para modificar las circunstancias de su reclusión, aunque el juzgador rechazó el traslado a un centro de salud mental.

El caso se encontraba en etapa intermedia, fase en la que la Fiscalía y la defensa presentaban los elementos que pretendían llevar a juicio oral. La siguiente audiencia quedó prevista para el 30 de septiembre de 2026, cuando se analizarían las pruebas ofrecidas por ambas partes, incluidos los dictámenes sobre la salud mental del acusado.

Información de Infobae

Publicado por Iris Camila Beltran