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lunes 4 de mayo de 2026

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Viesca y su procesión del silencio

Viesca y su procesión del silencio

Rubén Moreira Valdez

El camino que va de Santiago del Saltillo y San Esteban de la Nueva Tlaxcala al virreinal San José y Santiago del Álamo pasa por San Francisco de los Patos, Santa María de las Parras y una serie de poblados que no esconden la grandeza que tuvieron. En su momento, por algunos de esos parajes transitaron Morfi, Hidalgo y Juárez.

El próximo viernes tendrá lugar en Viesca, Coahuila, la procesión del silencio, muestra del fervor religioso, el orgullo católico y la cultura de un pueblo que se levanta en medio del desierto. Allí, en lo que era un oasis, tlaxcaltecas y españoles fundaron en 1731 una de las primeras comunidades de la ahora próspera Comarca.

En 1830, la población recibió el nombre de José Viesca y Montes, gobernador de Coahuila y Texas. Los historiadores Tomás Santoyo, Salvador Hernández Vélez y Manuel de Jesús Lastra recuerdan, en textos y entrevistas, la destrucción del ecosistema que daba sustento a los pobladores. La falsa modernidad y una presa secaron el río Aguanaval y, por consecuencia, una laguna que se formaba en la parte baja del valle. El lugar se convirtió en un páramo, la tierra se abrió, se secaron las acequias y murieron los frondosos álamos. Todo empeoró cuando se retiró el ferrocarril y se construyeron carreteras y autopistas que, por comodidad y conveniencia económica, se alejaron del lugar. 

Viesca, municipio, es una cápsula del tiempo. En su cabecera reina la arquitectura del noreste y el emblemático inmueble de la centenaria parroquia de Santiago Apóstol. En Bilbao, una de sus comunidades, el viajero se sorprende con las enigmáticas dunas, área con un increíble valor medioambiental. Cerca de allí, un ejemplo de amor a la tierra: la iglesia de Santa Ana en la antigua hacienda de Hornos, sitio donde además nació el general y patriota Jesús González Herrera.

En 2015, con el apoyo de monseñor Guadalupe Galván, obispo de Torreón, y la entusiasta colaboración del entonces alcalde Marcelo Quirino, un grupo de viesquenses de corazón —así me asumo— nos propusimos llevar a cabo la primera edición de lo que ya es una sólida y bella tradición. En aquella empresa participaron, entre otros, la lagunera Sofía García Camil y el cultísimo gallego–mexicano Xerardo Moscoso y Caamaño.

En unos días, cientos de hombres y mujeres acompañarán durante tres kilómetros al Nazareno y a su madre hasta la parroquia de Santiago. El silencio solo lo romperán las rezanderas y las y los cardencheros. Por las calles del centenario pueblo desfilarán penitentes, cofradías y encapuchados. Al final, música sacra interpretada por la formidable Camerata de Coahuila, que dirige el siempre atinado Ramón Shade.

En el pueblo de origen novohispano se reproduce la tradición de respeto y fervor que inició en Sevilla durante el medioevo. Del siglo XIV datan las más famosas hermandades, entre ellas la del Silencio, fundada en 1340.

En México, los antecedentes se remontan a los primeros días de lo que mal conocemos como Colonia, y son de mencionar las procesiones de Puebla, Taxco y San Luis Potosí.

Viesca es un lugar de gente de trabajo e historia. El municipio, en tiempos de Enrique Peña Nieto, vivió un justo renacer. Con él, entre otras cosas, se terminó la carretera asfaltada a Parras, obtuvimos la denominación de Pueblo Mágico, embellecimos las calles, instalamos deportivos, se construyó la gran plaza y la infoteca que lleva el nombre del querido obispo Lupe. También llegó la enorme planta de energía solar de Villanueva y se rescató la parroquia.

En mi escritorio de trabajo hay una fotografía donde converso con monseñor Galván. Es de una comida justo después de que el prelado bendijo la enorme Cruz que se ubica a las puertas de Viesca. La paz había regresado a Coahuila y con ella los eventos al aire libre. El viento y el sol recordaban el desierto que forjó nuestra personalidad. La imagen despierta nostalgia y me llena de tristeza al ver lo que le sucede a la patria: la política que polariza, la búsqueda de lo inmediato, el centralismo que asfixia y el populismo electoral que nos arrastra a la tragedia.

De mis años de gobernador, solo extraño los viajes por el desierto y los famosos mamones… el dulce de mi querido Viesca.

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