Rubén Moreira Valdez
Urge derrotar al crimen y regresar la paz al país. Urge sacar a las bandas delictivas de los gobiernos. La patria se escapa entre nuestras manos.
La buena noticia es que la paz es posible y hay varios ejemplos de éxito. El problema es que, para avanzar, se requiere eliminar la discordia y lograr que toda la voluntad del Estado mexicano se coordine.
La estrategia debe ser multidimensional. No se trata de la fuerza o de programas sociales masivos. Usadas de manera aislada, ambas alternativas resultan ineficaces. La causa más importante del desastre que vivimos es la inacción de los gobernantes y la falta de coordinación entre las instituciones.
Se requiere un gran acuerdo nacional para regresar al país a la normalidad. Es necesario que las autoridades reconozcan el problema y asuman su responsabilidad para encontrar la solución. Hay que desterrar del imaginario colectivo ideas torpes o malintencionadas. En la materia sobran los iluminados.
Es urgente:
Uno. Dedicar más presupuesto a las tareas de seguridad. Policías mal pagados, sin formación o sin equipo son inútiles para enfrentar al crimen. Los recursos públicos, muchos o pocos, deben incidir en el proceso de paz. Una beca o un apoyo, por ejemplo, debe otorgarse a cambio de permanecer en la escuela o realizar trabajo por la comunidad.
Dos. Se requiere retirar de las calles las abundantes armas que entran al país o las que, por alguna razón, llegan a manos de los delincuentes.
Tres. En ambientes propicios para la criminalidad no se puede tener paz. Los giros negros, el exceso de alcohol y el juego sin límites son fuente de financiamiento para los delincuentes y también de corrupción en las comunidades.
Es importante cortar los flujos de dinero hacia los criminales. No siempre es fácil identificar su origen, pues abunda el que proviene de actividades “empresariales” con apariencia de legalidad.
Cuarto. Se demanda una cruzada para encontrar a los desaparecidos y castigar a los responsables de ese crimen. El respeto a los derechos humanos debe ser el punto de partida de cualquier política de seguridad.
Cinco. Se requiere una reforma a la procuración de justicia y al sistema penitenciario; eso incluye destinar presupuesto a infraestructura, personal y capacitación. De pasada, no le caería mal al país echar para atrás la forma en que se selecciona a los juzgadores y aumentar su número.
Seis. La sociedad debe participar y cooperar con la autoridad; su evaluación y respaldo son fundamentales para el éxito. Sin el acompañamiento de los empresarios de La Laguna, Saltillo o Monclova, es imposible entender la paz que hoy se vive en Coahuila.
Siete. Los partidos, el INE y el Tribunal Electoral deben impedir que el crimen se apodere de los gobiernos. Cualquier sospecha debe ser atendida, es increíble que las autoridades no reparen en situaciones atípicas, como registros únicos de candidatos.
Todo lo anterior sirve, pero no hay nada más importante que una autoridad dispuesta a combatir al crimen.