Entre lágrimas sus niños despiden al coach Toño “MUCHAS GRACIAS POR CREER EN NOSOTROS”
Pequeños beisbolistas de Gigantes liberaron globos al cielo y rindieron un emotivo homenaje a quien los enseñó a jugar con el corazón
Por Iván Villarreal
La Prensa
La tarde del viernes estuvo marcada por la tristeza, pero también por el cariño y la gratitud. Con globos naranjas en sus manos y acompañados por sus padres, un grupo de pequeños beisbolistas llegó a la funeraria 288 para despedirse de quien no sólo fue su entrenador, sino también un amigo, un maestro y una figura que marcó sus vidas: Antonio Villanueva Villa.
Eran rostros infantiles que quizá aún no comprenden del todo el significado de la muerte, pero sí entienden la ausencia. La ausencia de aquel hombre que les enseñó a correr las bases, tomar un bate, atrapar una pelota y, sobre todo, creer en ellos mismos.
Uno a uno ingresaron al lugar donde descansaba su entrenador. Frente a su familia y a su esposa, Jhoana Ibarra, los integrantes del equipo Gigantes, categoría 5 y 6 de la Liga Furia Azul, rindieron un homenaje que arrancó lágrimas entre los presentes.
La voz de Isaí Durán, amigo y compañero de Antonio, resonó en el recinto al compartir un mensaje en nombre de los padres de familia.
“Con el corazón lleno de tristeza nos unimos a la pena que embarga a su familia. Agradecemos profundamente su tiempo, su paciencia y el amor con el que veía a cada uno de nuestros hijos. Siempre estuvo apoyándolos y enseñándoles. Su pasión por el beisbol y su ejemplo como ser humano quedarán grabados para siempre en el campo y en el corazón de cada niño”, expresó.
Las palabras recordaron al entrenador que llamaba cariñosamente a sus jugadores “sus chamacos” y “sus chapulines”, sobrenombres que provocaron sonrisas entre lágrimas al evocar tantos momentos compartidos.
“Gracias, entrenador Toño, por enseñarles a nuestros hijos no sólo a tomar un bate o atrapar una pelota, sino a jugar con el corazón”, añadió.
EL MOMENTO DE LA DESPEDIDA
Con voces pequeñas, algunas quebradas por el llanto y otras apenas susurradas por la emoción, los niños entonaron el credo de su equipo:
“Creo en Dios, amo a mi patria, respetaré sus leyes, jugaré siempre limpio, me esforzaré en ganar, pero gane o pierda siempre haré lo mejor que pueda”.
Cada palabra pareció convertirse en una promesa para honrar la memoria de quien los guio dentro y fuera del terreno de juego.
Posteriormente, los pequeños entregaron una pelota de béisbol y varias fotografías del equipo, recuerdos sencillos pero cargados de significado como muestra del cariño que siempre conservarán hacia su entrenador.
Visiblemente conmovida por las muestras de afecto, Jhoana Ibarra observó a los niños y agradeció el gesto.
“Él los quería mucho”, alcanzó a decir entre lágrimas.
Al salir de la funeraria, los pequeños formaron un círculo y dedicaron una última porra a quien tantas veces los alentó desde la banca y el terreno de juego.
EL MOMENTO FINAL
Los globos naranjas fueron liberados y comenzaron a elevarse lentamente hacia el cielo, mientras decenas de miradas infantiles los seguían hasta perderse entre las nubes. En ese instante, una paloma cruzó el atardecer, regalando una imagen que hizo aún más emotiva la despedida.
FUE UN ADIÓS LLENO DE DOLOR, PERO TAMBIÉN DE GRATITUD
Porque para esos pequeños jugadores, Antonio Villanueva Villa nunca será recordado únicamente como un entrenador. Será siempre el hombre que creyó en ellos, que celebró sus carreras anotadas, que los alentó después de cada derrota y que les enseñó que el verdadero triunfo no está en el marcador, sino en jugar con el corazón.
Y mientras haya un niño vistiendo el uniforme de Gigantes y recordando sus enseñanzas, el legado del entrenador Toño seguirá vivo en cada lanzamiento, cada batazo y cada sueño que nazca sobre un campo de béisbol.