Fundada en el siglo XIX, llegó a producir 100 millones de metros de mezclilla al año antes de su cierre en 2011
Por: Redacción
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA.. — Antes de que Parras fuera reconocido por sus hoteles, sus vendimias y sus experiencias enológicas, existió una industria que durante décadas sostuvo a cientos de familias y le dio al municipio un lugar destacado en la historia económica del país: la fabricación de textiles y mezclilla.
En el corazón de esa historia se encuentra la Fábrica La Estrella, conocida por los parrenses como FLESA, un complejo industrial cuyos muros resguardan los recuerdos de generaciones enteras que encontraron entre sus máquinas mucho más que un empleo: una forma de vida.
Hoy, después de años de silencio, el inmueble ha recuperado parte de su antiguo protagonismo al convertirse en un museo que permite conocer el legado de una industria que marcó profundamente la identidad de Parras.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ CON EL AGUA
Los antecedentes de la fábrica se remontan a la primera mitad del siglo XIX, cuando en la antigua Hacienda del Rosario comenzaron a desarrollarse actividades relacionadas con la producción de textiles.
Hacia 1854 se adaptaron instalaciones para colocar aproximadamente un centenar de telares impulsados por fuerza hidráulica, aprovechando el agua que históricamente ha distinguido a Parras como un oasis en medio del desierto coahuilense.
El complejo contaba con un acueducto propio, elemento fundamental para poner en movimiento la maquinaria y sostener una actividad industrial que, con el tiempo, transformaría la economía local.
Para 1857, aquella operación comenzaba a consolidarse como una fábrica dedicada al hilado y tejido de algodón.
Un momento decisivo llegó el 17 de febrero de 1870, cuando Evaristo Madero y Lorenzo González Treviño adquirieron la Hacienda del Rosario y sus instalaciones industriales.
A partir de entonces, la fábrica inició un proceso de modernización y crecimiento que culminó, el 12 de septiembre de 1899, con la constitución formal de la Compañía Industrial de Parras.
EL CRECIMIENTO DE UN GIGANTE
Durante las primeras décadas del siglo XX, La Estrella alcanzó dimensiones extraordinarias para una comunidad como Parras.
En 1925, la fábrica contaba con aproximadamente 890 telares y más de 22 mil husos, herramientas esenciales para transformar las fibras en hilo y, posteriormente, en tela.
Sus instalaciones representaban una fuente constante de empleo y permitieron que numerosos parrenses aprendieran oficios especializados relacionados con el tejido, la carpintería, el mantenimiento de maquinaria, el control de calidad y la producción industrial.
La evolución tecnológica continuó durante los años siguientes.
En 1946 se incorporó el proceso de sanforizado, utilizado para reducir el encogimiento de las telas. Para 1949 comenzó la fabricación de hilos destinados a la producción de mezclilla, material que terminaría por darle proyección nacional e internacional a la industria parrense.
La expansión permitió establecer alianzas con compañías extranjeras. En 1973 se concretó una asociación con Dickies Manufacturing Company y, en 1993, con Cone Mills Corporation, una de las empresas más importantes de la industria de la mezclilla.
Para 2008, el grupo empresarial relacionado con esta actividad operaba cuatro plantas y alcanzaba una capacidad conjunta de 100 millones de metros lineales de mezclilla al año.
Detrás de esas cifras se encontraba el trabajo de miles de personas y una tradición industrial que colocó a Parras dentro de una cadena productiva con presencia en distintos mercados.
LA FÁBRICA QUE MARCABA EL RITMO DEL PUEBLO
Para muchas familias parrenses, La Estrella no era solamente un lugar de trabajo.
En sus instalaciones coincidieron abuelos, padres e hijos. Hubo trabajadores que dedicaron décadas enteras a la fábrica, que llegaron siendo jóvenes y construyeron alrededor de sus jornadas laborales buena parte de su historia personal.
El sonido de su silbato marcaba cambios de turno y formaba parte del ambiente cotidiano del municipio.
Mientras las máquinas permanecían en operación, también se movía una red de comercios, servicios y actividades vinculadas con los ingresos que la fábrica generaba para cientos de hogares.
La Estrella era industria, pero también memoria familiar, disciplina, oficio y sentido de pertenencia.
Por eso, cuando llegó el cierre, no solamente se apagaron las máquinas: también terminó una etapa decisiva en la vida de Parras.
EL SILENCIO DE UNA ÉPOCA
En agosto de 2011 se anunció el cierre de la fábrica, en medio de un conflicto laboral y de dificultades relacionadas con el encarecimiento de las materias primas, la competencia internacional y las condiciones del mercado textil.
En aquel momento, la empresa generaba alrededor de 500 empleos directos.
Durante los meses posteriores, cientos de trabajadores enfrentaron la incertidumbre por sus liquidaciones y por el futuro de sus familias.
El complejo quedó en silencio y sus instalaciones comenzaron a convertirse en el testimonio físico de una época que parecía haber quedado atrás.
Sin embargo, la historia de La Estrella todavía tenía una página por escribirse.
UN MUSEO PARA NO OLVIDAR
En 2026, el antiguo complejo industrial comenzó una nueva etapa como museo, abriendo sus espacios para que visitantes y habitantes del municipio conozcan la historia de la fábrica y el papel que desempeñó en el desarrollo de Parras.
La maquinaria conservada, los edificios, las áreas de trabajo y los materiales históricos permiten reconstruir los procesos industriales que durante generaciones dieron sustento a la comunidad.
El espacio también se ha incorporado a la oferta cultural y turística del municipio, ofreciendo una mirada distinta a la historia de un destino reconocido principalmente por su tradición vitivinícola.
Pero el valor más profundo de este museo no está solamente en sus telares, sus instalaciones o su arquitectura.
Está en las historias de los trabajadores que dedicaron su vida a la fábrica, en las familias que crecieron a su alrededor y en una comunidad que durante décadas encontró en la mezclilla una razón para sentirse orgullosa.
Publicado por Iris Camila Beltran




