Octubre se pinta de rosa. Edificios iluminados, campañas de concientización y miles de personas portando un listón se suman al mes de la lucha contra el cáncer de mama. Pero detrás de cada listón hay algo mucho más importante que un símbolo: hay una vida, una familia y una historia que merece continuar.

El cáncer de mama es uno de los mayores desafíos de salud pública que enfrentamos. De acuerdo con el INEGI, durante 2024 fallecieron en México más 8,450 personas por esta enfermedad. Son más de 23 vidas perdidas cada día, casi una cada hora. Una cifra que debería conmovernos, pero sobre todo movilizarnos.

Detrás de cada número hay un rostro. Una mujer que tenía sueños, proyectos, ilusiones y una familia que la esperaba en casa.

Y aunque este flagelo afecta principalmente a las mujeres, el cáncer de mama no es un asunto exclusivamente femenino. Es un problema que nos corresponde enfrentar a todos como sociedad.

No hay nada más triste que tener que despedirnos de nuestra madre, esposa, hija o hermana a causa de una enfermedad que, en muchos casos, pudo haberse tratado con mayores posibilidades de éxito si se hubiera detectado oportunamente.

La ciencia ha avanzado enormemente. Hoy sabemos que un diagnóstico temprano, acompañado del tratamiento adecuado, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, todavía existen obstáculos que impiden que muchas mujeres reciban atención a tiempo.

Uno de ellos es el miedo. Miedo a descubrir que algo anda mal, a recibir un diagnóstico, a enfrentar un tratamiento o a que la vida cambie de un momento a otro.

Pero también debemos vencer los prejuicios, los falsos paradigmas y la pena relacionada con este tema. Hay mujeres que evitan hablar de sus senos, que sienten vergüenza de acudir a una revisión o que simplemente prefieren no pensar en la posibilidad de enfermar.

Tenemos que romper esos silencios. Hablar del cáncer de mama con naturalidad, sin tabúes ni vergüenza, es también una forma de combatirlo.

Y aquí los hombres tenemos una responsabilidad importante. Como esposos, hijos, padres y hermanos debemos acompañar, escuchar, comprender y promover una cultura de prevención. No basta con pedirles a las mujeres que se cuiden. También debemos ayudar a generar las condiciones para que puedan hacerlo.

El 19 de octubre conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Que esta fecha no se reduzca a una fotografía, una campaña o un listón en la solapa.

Que sea una oportunidad para hablar del tema en nuestras casas, para recordarles a quienes amamos la importancia de acudir al médico y, sobre todo, para acompañar a quienes hoy enfrentan esta enfermedad.

Que el rosa no sea solamente el color de octubre. Que sea, durante todo el año, el color de nuestro compromiso con nuestras mujeres y con la vida.

Publicado por Iris Camila Beltran