La concentración de metano, un potente gas de efecto invernadero, aumentó hasta llegar a niveles récord en la atmósfera el año pasado, reveló este miércoles la ONU.
La razón de este aumento excepcional respecto a 2020 de la concentración de metano, que tiene un efecto mucho más potente que el CO2 pero menos duradero, «no está clara, pero parece ser el resultado de procesos a la vez biológicos e inducidos» por la humanidad, señaló la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Estas cifras revelan «una vez más, el enorme desafío -y la necesidad vital- de una acción urgente para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero e impedir que las temperaturas aumenten aún más en el futuro a nivel mundial», declaró el Secretario general de la OMM, Petteri Taalas.
La Oficina de Cambio Climático de la ONU advirtió este mismo día que los últimos compromisos internacionales están «muy lejos» de responder al objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1.5ºC.
«Vamos en la dirección equivocada», dijo Taalas.
En 2020 y 2021, la concentración de metano -el segundo contribuyente más importante al calentamiento global- aumentó de 15 y 18 partes por mil millones (ppb) respectivamente. Es difícil determinar el origen de las emisiones porque las fuentes de emisiones y los «sumideros» que absorben el gas se pueden confundir, explica la OMM.
«Existen estrategias rentables para luchar contra las emisiones de metano, particularmente en el sector de los combustibles fósiles y debemos ponerlas en marcha sin demora», indicó Taalas.
Superemisores de metano
Últimamente se habló mucho de metano con el sabotaje del gasoducto Nord Stream, o la propuesta del llamado impuesto de los eructos y flatulencias del ganado en Nueva Zelanda.
El martes, la NASA reveló que había detectado desde el espacio decenas de «superemisores» de metano, lugares generalmente relacionados con el tratamiento de residuos o la agricultura.
En cuanto a la progresión continua de la concentración de metano en la atmósfera desde 2007, los científicos no tienen certezas, pero consideran que «proviene en gran parte de fuentes biogénicas, como los humedales o los arrozales».
Es demasiado pronto para decir si los aumentos registrados en 2020 y el año pasado se deben a la descomposición más rápida de la materia orgánica en el agua bajo el efecto de mayor calor, o a los episodios de La Niña, que creó condiciones favorables para la emisión de metano al aumentar las precipitaciones en las regiones tropicales.
La prioridad, sin embargo es el CO2
Pero Taalas recuerda también que el enemigo a derrotar ante todo es el dióxido de carbono, cuyas emisiones repercutirán en el clima durante miles de años con el deshielo en los polos, el calentamiento de los océanos y la elevación del nivel del mar.
«La prioridad absoluta es reducir drásticamente y urgentemente las emisiones de dióxido de carbono, que son las principales responsables del cambio climático y de los fenómenos meteorológicos extremos que van asociados», advirtió el Secretario general de la OMM.
En 2021, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se elevaba a 415.7 partes por millón (ppm), la de metano a mil 908 partes por mil millones (ppb) y la de óxido de nitrógeno a 334.5 ppb, es decir una progresión del 149 por ciento, 262 por ciento y 124 por ciento respectivamente, en comparación con la época preindustrial.
Las emisiones mundiales de CO2 volvieron a aumentar desde el final de los confinamientos por la pandemia de Covid-19 en 2020. Entre 2011 y 2020, aproximadamente 48 por ciento de las emisiones totales de CO2 debidas a las actividades humanas se habían acumulado en la atmósfera, 26 por ciento en los océanos y 29 por ciento en la biosfera terrestre.