Ignacio Moreira Loera
LA PRENSA
Instagram: @thewaxwingmra1
En los últimos días, en Instagram me han llovido infinidad de epítetos e insultos por decir algo que los
científicos y biólogos han comprobado en las décadas recientes, que los perros que se dejan vagar
libremente, sobre todo en zonas naturales, pueden llegar a ser un grave peligro para la naturaleza y las
especies nativas que la habitan.
Claramente nuestros amigos peludos no tienen culpa alguna, ya que hemos sido los humanos quienes,
por desconocimiento, los hemos introducido a zonas naturales a las que no pertenecen y donde generan
desequilibrio, ya sea cazando fauna silvestre, desplazando a otros animales, compitiendo por comida o
territorio, e incluso y de forma común, transmitiendo enfermedades letales a otros organismos
silvestres.
El perro doméstico (Canis familiaris), no es una especie nativa de ningún ecosistema del planeta tierra,
esto quiere decir que no fue producto de la denominada selección natural, sino de la selección artificial
del hombre, quien a través de miles de años escogió y reprodujo selectivamente individuos del Lobo
Gris, que tenían características útiles para el humano y con el paso del tiempo creó una especie
totalmente distinta, hace aproximadamente 27,000 años. Con los siglos, el humano ha sido capaz de
moldear a su gusto más de 360 distintas razas de perros domésticos, creando así a un depredador que no
cumple ninguna función en los ecosistemas.
Para dar algunos ejemplos del potente daño que genera la presencia del perro doméstico en los entornos
naturales, veremos tres ejemplos concretos. La revista BioScience publicó que en el 2011 diversos
estudios realizados en Nueva Zelanda en 1988 sobre el rápido declive de los kiwis, una especie de ave
no voladora que reside en los bosques neozelandeses, los resultados demostraron que un solo perro, que
aunque portaba un collar vagaba libremente, depredó en tan solo seis semanas entre 600 y 800
ejemplares de estas aves, lo cual representa aproximadamente el 70% de las muertes estudiadas.
En Argentina se reveló que en el 75% de 240 áreas protegidas en el país, un grupo de visitantes
encuestados observó perros domésticos sueltos sin supervisión, y el 62% de esas personas fue testigo de
al menos un evento de persecución o caza de fauna silvestre por parte de los caninos. Asimismo, un
estudio realizado en Australia publicado en Biology Letters demostró que pasear a los perros en zonas
boscosas, tanto en lugares permitidos como donde esta práctica está prohibida, conduce a la reducción
del 35% de la diversidad aviar, así como del 41% de su abundancia. Aunado a esto, existen evidencias
de que en muchas zonas naturales el cazador más numeroso es el perro doméstico, por encima de las
especies depredadoras silvestres. Con solo estos datos podemos imaginar el daño colosal causado a los
ecosistemas por la introducción del perro doméstico en la naturaleza.
Sin embargo, al ser este un problema derivado de la actividad humana, también está en nuestras
posibilidades solucionarlo y reducir el daño al medio ambiente. Si tienes un perro como mascota evita
dejarlo deambular fuera de tu domicilio; cuando salgan a pasear ponle siempre correa; no lo dejes vagar
libremente por los parques o los entornos naturales; evita a toda costa llevarlo de paseo a zonas silvestres
o áreas protegidas. Para que nuestras mascotas gocen del aire libre y se mantengan sanas y felices,
podemos visitar con ellas zonas y parques urbanos que permitan su acceso y disfrute, sin dañar la
naturaleza.