La Nobel de la Paz habló de autoconocimiento, memoria ancestral y dignidad ante mexicanas privadas de su libertad
Por Jorge Francomárquez/Agencia Reforma
La Prensa
MORELOS.– “Debemos compartir nuestra sonrisa aún en tiempo de tormenta. Tenemos que ser felices, es el único objetivo”. Con esta sentencia, la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú Tum, convirtió un auditorio penitenciario en un espacio de esperanza y reflexión.
Frente a 200 mujeres privadas de la libertad en el Cefereso 16 Femenil Morelos, Menchú rompió el discurso habitual de culpa y castigo: habló de autoconocimiento, de memoria ancestral y de dignidad humana como pilares para reconstruir la vida, aun desde la adversidad del encierro.
El evento, organizado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Reinserción Social (PRS), tuvo un efecto distinto al de cualquier acto institucional. Las palabras de la líder guatemalteca resonaron como recordatorio de que cada mujer presente tiene una historia legítima, un valor intrínseco y la posibilidad de diseñar un proyecto de vida, más allá de los muros que hoy la limitan.
Menchú subrayó que la energía individual y colectiva tiene un poder transformador para fortalecer la vida en comunidad. Invitó a las internas a reconocerse no como cifras dentro de un sistema penitenciario, sino como seres humanos capaces de inspirar y construir caminos propios.
“Su mensaje fue un recordatorio de que la felicidad no se negocia con barrotes”, resumió una de las asistentes, emocionada.
La conferencia “Ser Humano y Autoconocimiento” se convirtió en símbolo de una nueva narrativa en las cárceles mexicanas: no la del castigo, sino la de la reinserción con rostro humano. La presencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) reforzó esa visión.
La SSPC recalcó que la política penitenciaria del actual gobierno busca situar la educación y la cultura como motores de reinserción social efectiva. Y con la visita de una Nobel de la Paz, esa apuesta adquirió un sello difícil de ignorar.
Rigoberta Menchú: huella histórica de una Nobel de la Paz
1959 – Nace en Laj Chimel, Guatemala, en el seno de una familia maya quiché.
Años 70-80 – Se convierte en defensora de los pueblos indígenas y testigo directo de la violencia política y la represión en Guatemala.
1983 – Publica, junto con Elisabeth Burgos, “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”, libro que la catapulta como voz global del movimiento indígena.
1992 – Recibe el Premio Nobel de la Paz, siendo la primera mujer indígena en obtenerlo, por su lucha en favor de la justicia social y la reconciliación étnica.
2006 – Es nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.
2011 – Lanza el movimiento político Winaq en Guatemala y participa en elecciones presidenciales.
2020 en adelante – Se mantiene como activista internacional en derechos humanos, medio ambiente y cultura de paz.
2025 – Visita México para inspirar a mujeres privadas de la libertad, recordando que “ser feliz es un acto de resistencia”.