Detrás de cada paso de un matachín, existe una historia, una petición o una promesa que encuentra en la danza una manera de llegar hasta el Santo de las causas difíciles
Por Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Entre el repicar de los tambores, el brillo de los penachos y el cansancio que se acumula después de horas de danza, hay algo que permanece intacto en el corazón de los matachines: la fe que los impulsa a seguir bailando, aun cuando las fuerzas comienzan a agotarse.
Cada 28 de octubre, la devoción a San Judas Tadeo transforma sus recorridos en una expresión de amor, esperanza y agradecimiento, porque detrás de cada paso existe una historia, una petición o una promesa que encuentra en la danza una manera de llegar hasta el Santo de las causas difíciles, una tradición que en Castaños mantiene viva la agrupación Santa Cecilia.
DIEZ AÑOS DANZANDO CON EL CORAZÓN
Hace una década, la Danza Santa Cecilia comenzó a compartir con la comunidad una tradición que inicialmente se presentaba en escenarios, sin imaginar que con el paso de los años se convertiría en una parte importante de su vida religiosa, recordó su director, Marco Antonio Suárez Muñiz, quien explicó que sus primeras participaciones se realizaban con música grabada, hasta que incorporaron el sonido del tambor, dando mayor fuerza a unas danzas que hoy reúnen a niños, jóvenes y adultos unidos por una misma pasión: honrar a los santos a través del movimiento, la disciplina y la fe.
Para sus integrantes, ponerse el vestuario y comenzar a danzar significa mucho más que cumplir con una presentación, pues cada jornada representa una oportunidad para agradecer por la vida, pedir por la salud de sus seres queridos y encomendarse a la protección divina, una enseñanza que comienza desde la infancia, cuando los niños aprenden que durante la danza debe prevalecer el respeto y la devoción, mientras que los padres de familia también se han sumado a esta expresión religiosa, fortaleciendo los lazos entre generaciones que encuentran en esta tradición un motivo para permanecer unidos.
SAN JUDAS TADEO, REFUGIO DE ESPERANZA
Cuando se acerca el 28 de octubre, los corazones de los danzantes se preparan para una de las fechas más significativas del año, pues mientras algunas personas llegan ante San Judas Tadeo con peticiones difíciles, otras lo hacen para agradecer por los favores recibidos y por la oportunidad de continuar con sus vidas, explicó Suárez Muñiz, quien personalmente encomienda a su familia y a todos sus compañeros para que permanezcan protegidos durante las jornadas, especialmente cuando deben trasladarse a otros municipios para cumplir con sus compromisos religiosos.
En cada recorrido, la preocupación por regresar con bien acompaña a los integrantes de Santa Cecilia, pues además del esfuerzo físico que implica danzar durante varias horas, también deben enfrentar los traslados y las largas jornadas que caracterizan estas celebraciones, por lo que su director pide que no ocurran accidentes y que ninguno de los participantes se sienta mal, convencido de que llegar nuevamente a octubre con salud y con la oportunidad de continuar honrando a los santos es, por sí mismo, un motivo para dar gracias.
UN MARATÓN DONDE LA FE NO SE CANSA
La celebración exige preparación, resistencia y una entrega que comienza mucho antes de escuchar los primeros tambores, pues la agrupación dedicó aproximadamente un mes a los ensayos durante los fines de semana para coordinar sus movimientos y organizar sus participaciones, explicó Suárez Muñiz, al señalar que el maratón de danzas se desarrolla del 22 al 30 de octubre, con cinco presentaciones diarias y una jornada especialmente intensa el día 28, cuando tienen programadas nueve danzas en honor a San Judas Tadeo.
Aunque la agrupación está integrada por 24 danzantes, alrededor de 16 participan habitualmente en las actividades, debido a que varios deben cumplir con sus responsabilidades escolares y laborales, sin que ello disminuya el entusiasmo por formar parte de estas celebraciones, en las que el cansancio se convierte en una prueba de perseverancia y cada presentación adquiere un significado particular, pues para muchos de ellos la recompensa no está en el aplauso de quienes los observan, sino en la satisfacción de cumplir con su devoción.
PENACHOS, COLORES Y TRADICIONES QUE COBRAN VIDA
Los colores de las faldas, las coronas de flores, los penachos de resplandor, las nagüillas y los accesorios tradicionales llenan de vida cada presentación, convirtiendo las calles y los hogares en espacios donde la cultura y la religión se encuentran, explicó el director, quien también diseña los vestuarios de Santa Cecilia con especial cuidado para conservar las características de las danzas de distintas regiones de Coahuila, entre ellas la danza de pluma de la Región Laguna y las expresiones propias de la Región Sureste, cuyos elementos representan una herencia que merece ser respetada y preservada.
Para Suárez Muñiz, imaginar cada diseño, elegir los colores y decidir los detalles que llevará cada traje es una labor que realiza con orgullo, pues busca que sus compañeros luzcan vestuarios que distingan a la agrupación sin perder la esencia tradicional, una satisfacción que aumenta cuando las familias se acercan para preguntar dónde fueron elaborados o expresar su admiración, demostrando que detrás de cada penacho y cada accesorio existe también el trabajo de quienes se esfuerzan por mantener viva una parte de la identidad cultural de la comunidad.
CUANDO LA DANZA TAMBIÉN SE CONVIERTE EN ORACIÓN
La fe de los matachines también se ha fortalecido en los momentos más difíciles, como ocurrió durante la pandemia de COVID-19, cuando continuaron con sus presentaciones bajo las medidas sanitarias correspondientes y elevaron sus oraciones por la salud de sus familias y de quienes participaban en las jornadas, recordó Suárez Muñiz, al reconocer que en circunstancias complicadas la danza adquiere un significado todavía más profundo, pues cada integrante puede llevar consigo una preocupación, una promesa o el deseo de agradecer por haber superado una situación que puso a prueba su fortaleza.
Más allá de las celebraciones dedicadas a San Judas Tadeo, el director de Santa Cecilia mantiene el anhelo de que los grupos de matachines de Castaños permanezcan unidos y cuenten con mayores espacios para convivir, compartir experiencias y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones, por lo que considera importante el apoyo de las autoridades municipales para impulsar encuentros que fortalezcan esta tradición; finalmente, agradeció a cada uno de sus compañeros por hacer posible cada jornada e invitó a la comunidad a respetar y cuidar a todos los danzantes, al recordar que detrás de cada ejecución existe un corazón que baila por fe, por amor a su familia y por el agradecimiento de poder continuar un año más con esta hermosa tradición.
Publicado por Rocío Ledezma




