José Cruz, quien amenazó, insultó y dejó con múltiples lesiones a quien fuera su pareja durante 22 años
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Durante 22 años, la promesa de amor y protección se convirtió en un ciclo de violencia que aún no termina; Gloria Guadalupe Elizondo Rodríguez denunció haber vuelto a ser víctima de una brutal agresión por parte de su expareja José Cruz Orozco Aguayo, a pesar de contar con una orden de restricción, situación que hoy la mantiene con miedo permanente ante la posibilidad de perder la vida.
La agresión ocurrió la noche del sábado 31 de enero, alrededor de las 10 de la noche, en el fraccionamiento Madero y de acuerdo con el testimonio de la afectada, se encontraba sola en su domicilio cuando salió a la banqueta a tomar aire; fue en ese momento cuando su agresor apareció de manera sorpresiva, la insultó y la amenazó.
Gloria relató que, al intentar huir, fue alcanzada en una esquina, donde comenzó a golpearla en repetidas ocasiones, como resultado del ataque, sufrió una herida en el rostro que tuvo que ser suturada, múltiples golpes en la cara y un esguince en el cuello, lesiones que la dejaron incapacitada y bajo atención médica.
La víctima explicó que estuvo casada con su agresor durante 22 años, tiempo en el que padeció violencia constante, principalmente cuando él se encontraba bajo los efectos del alcohol.
Señaló que los golpes, humillaciones y amenazas eran frecuentes, incluso frente a sus cinco hijos, situación que finalmente la llevó a separarse hace cuatro años para proteger su vida.
A pesar de la separación y de haber obtenido una orden de restricción, José Cruz Orozco habría incumplido en reiteradas ocasiones la medida judicial, buscándola en distintos domicilios y regresando a intimidarla.
La mujer aseguró que esta no es la primera vez que teme por su vida, pues anteriormente ya había sido amenazada con armas blancas.
Actualmente, Gloria Guadalupe vive resguardada, limita sus salidas y solo se desplaza acompañada, mientras espera que las autoridades actúen con firmeza.
Hizo un llamado urgente para que se localice a su agresor, se haga valer la ley y se garantice su seguridad, advirtiendo que el riesgo continúa latente y que teme que la violencia escale a consecuencias irreparables.