Hoy despedimos con una profunda tristeza a un hombre excepcional.

Eduardo Macías fue para mí mucho más que un cuñado: fue un excelente compañero de trabajo, un amigo entrañable y un verdadero hermano adoptivo.

Lalo era de esas personas que siempre tenían una sonrisa para los demás; de las que tendían la mano a propios y extraños, sin preguntar quién eras ni esperar nada a cambio. Ayudaba simplemente porque así lo sentía, porque la generosidad formaba parte de su corazón.

Fue un hombre que cumplió con su familia, con sus hijos, con su madre y con su esposa. Cumplió como trabajador, como empresario, como político y como servidor público. Cumplió con su ciudad y con todas aquellas personas que alguna vez confiaron en él.

Lalo sabía abrir puertas que parecían cerradas. Apoyó familias enteras, acompañó a sus amigos en las buenas y en las malas y honró siempre el profundo amor que sentía por su madre. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo sabemos que su casa siempre estaba abierta. Te recibía con una sonrisa, compartía contigo su mesa con la misma alegría con la que compartía su amistad.

Así era Eduardo Macías: un buen hombre, un gran amigo y un hermano de vida.

Hoy, mi familia y yo elevamos hasta el cielo nuestro cariño, nuestro agradecimiento y una oración profundamente sentida. Tenemos la certeza de que Lalo ya se encuentra en la presencia de Dios, porque los hombres que viven haciendo el bien nunca se van por completo: permanecen en cada vida que tocaron, en cada puerta que abrieron y en cada corazón que supieron acompañar.

Descansa en paz, querido Lalo.

Gracias por tu amistad, por tu generosidad y por habernos permitido caminar una parte de la vida a tu lado.

Siempre vivirás en nuestros corazones.

Con profundo cariño y gratitud,

Melchor Sánchez de la Fuente y familia

Publicado por Iris Camila Beltran